Parece ser que la sociedad está tomando ya cartas en el asunto para exigir a los políticos un pacto escolar satisfactorio.
Porque no podemos permitir que la educación de los niños esté a merced de las preferencias y de los prejuicios ideológicos del partido que gobierna. Además, se trata de una situación insostenible, porque perjudica a todos.
Fracaso escolar
En primer lugar, a los niños. El sindicato CC.OO. acaba de denunciar que entre un diez y un quince por ciento de los alumnos de enseñanza secundaria de la provincia no logran finalizar sus estudios ni obtener el certificado.
Y "un significativo porcentaje lo hacen después de haber repetido algún curso". Sin olvidar que, según se desprende del Informe Educativo 2004, publicado por la Fundación Hogar del Empleado, la tasa de fracaso escolar en Andalucía superó en seis puntos a la media nacional.
También perjudica a las familias, porque, como se deduce de tres sentencias recientes del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía, normas de rango inferior elaboradas por los responsables del área de La Junta han impedido a algunos padres elegir para sus hijos el colegio deseado.
Por lo demás, a nivel nacional, por encima del sesenta por ciento del profesorado sufre un alto riesgo de estrés, según un estudio reciente, elaborado a petición de la UGT. Él es el culpable de la mayoría de las bajas laborales por enfermedad entre los profesores.
Hay que añadir a todo ello ese fenómeno real, aunque poco conocido, de la violencia en las aulas.
Por eso, hay que alabar que la sociedad se movilice en busca de soluciones, como revela el documento "Pacto Social por la Educación". Elaborado por grupos tan dispares como CONCAPA, CEAPA, CCOO, UGT y la FERE, va dirigido al Gobierno y exige, entre otras cosas, que la educación salga de la lucha política, que se aumenten los presupuestos para alcanzar el 6 % del Producto Interior Bruto que es la media de UE y que se llegue a un consenso sobre la enseñanza de la Religión. Aunque posteriormente la CONCAPA ha negado su participación y califica el documento de “globo sonda”. Las medidas que propone no van a solucionar unos problemas tan complejos y serios como los que afectan a este delicado sector de la sociedad, pero pueden constituir un paso importante. Los católicos tenemos que estar presentes en todo el proceso y redoblar los esfuerzos necesarios
