D. Emilio Benavent Escuín cumple cincuenta años de Obispo. El 13 de febrero de 1955 recibió la ordenación episcopal y pasó a ser obispo auxiliar de Málaga.
Más adelante, en abril de 1967, fue nombrado Obispo titular de la diócesis malacitana. Su sensibilidad social junto a su talla intelectual hacen de este valenciano, discípulo de Ortega y Gasset, un prelado que destacó por su honda dimensión de fe, libertad y profundo humanismo. De la mano de Francisco Parrilla, que fue su secretario particular, nos acercamos en este número a un obispo que vive aún en Málaga después de haber entregado su vida desde la fidelidad a la Iglesia.
“Ama de verdad a los pobres y será obispo”. Con estas palabras, Castillo Puche en una alusión que hace a Benavent en su novela “Sin camino” parece que adivina lo que el futuro le deparaba. Futuro que le llevará a compartir destino episcopal, primero como obispo auxiliar de Málaga con D. Angel Herrera y posteriormente, tras la renuncia de éste último, como obispo residencial.
Llegó a Málaga desde la diócesis de Vitoria, que por aquel entonces comprendía también Vizcaya y San Sebastián.
D. Emilio Benavent Escuín, Doctor en Teología y Filosofía y maestro, para más señas, viene a Málaga porque descubre, por su trato con D. Francisco Corrales, secretario canciller de la diócesis de Vitoria, y por la familia Heredia la necesidad de clero que existía en la diócesis malacitana.
“De banquete, nada”
Benavent Escuín, de vocacion tardía y especialista en marxismo, procede de una familia obrera de Bilbao. Nunca ha olvidado que es hijo de un obrero, destaca Francisco Parrilla. Orígenes que junto con su honda preparación intelectual, van a marcar su actividad pastoral.
Llegó a tener ocho destinos pastorales al llegar a la Diócesis de Málaga. El último, como párroco de San Patricio, en la capital. Siempre será recordado en el barrio de Huelin. “De banquete, nada” llegará a decir cuando recibe en San Patricio la noticia de que será ordenado obispo.
La fábrica del tabaco, tradicionalmente conocida como Tabacalera, acogerá el “banquete” que se celebrará con motivo de su consagración episcopal. Alargadas mesas formadas por caballetes y planchas de madera junto a cerveza, vino y bocadillos serán el almuerzo que dará la bienvenida al nuevo obispo y en el que par ticiparán todos los feligreses que quisieron, junto al Nuncio de Su Santidad y dos ministros de la época.
Mundo obrero
Su marcada sensibilidad social encuentra en el mundo obrero y rural campos de actuación.
El Cardenal Herrera Oria le encarga la ejecución de las 250 escuelas rurales que lleva a cabo. Así mismo, coordina la formac ión de los maestros rurales en los distintos centros de formac ión creados al efecto.
El Seminario del que es nombrado rector y las visitas pastorales completan una tarea siempre animada por su amor a la Iglesia y su hondo sentido de la obediencia y la fe. Francisco Parrilla recuerda que, en cierta ocasión, le dijo “no te olvides que la Iglesia me dio el nombramiento de obispo auxiliar de D. Ángel Herrera y yo tenía que ser obediente”.
Obispo de Málaga
El ocho de abril de 1967, con la renuncia por edad del Cardenal Herrera Oria, es nombrado obispo de la diócesis de Málaga, hasta que fuera sustituido por D. Ángel Suquía. Dieciocho meses después, fue nombrado Arzobispo Coadjutor de Granada, y posteriormente Aministrador Apostólico, “sede plena”. Al mismo tiempo estuvo compaginando su servicio como Administrador Apostólico de la Diócesis de Málaga. Después es nombrado Arzobispo de Granada y más tarde, Arzobispo Vicario General Castrense.
Presentada su renuncia por razón de edad, comparte sus días entre nosotros en Málaga.
