La Navidad es la segunda gran fiesta cristiana, después de la Pascua de Resurrección. Celebramos que Dios se ha hecho hombre y que, como tal, ha querido nacer y crecer en el seno de una familia: la Sagrada Familia de Nazaret. Por eso, las fiestas navideñas son tradicionalmente unas fiestas familiares.

Inmigrantes en parroquias

Celebramos el amor de Dios, que se expresa en el amor que recibimos y damos en el seno de nuestra familia y, por eso, aprovechamos para estar más tiempo juntos, para rezar juntos, para participar juntos de la Misa del Gallo y en otras celebraciones litúrgicas propias de este tiempo, para pedir juntos cosas a los Reyes...

Pero ¿qué pasa con las personas que, precisamente por amor a sus padres o a sus hijos, pasarán estas fechas a miles de kilómetros de ellos?

Hubo un tiempo en el que los europeos, conscientes de que el mensaje de Jesucristo era el mayor de los tesoros que una sociedad pudiera tener, fuimos a anunciar el Evangelio a los continentes más lejanos. La fe se ha debilitado tanto hoy en Europa que ésta ha llegado a ser considerada como tierra de misión. En este contexto, nos encontramos con un fenómeno creciente como es el de la llegada de miles de inmigrantes provenientes precisamente de los países que antaño fueron destino de misioneros y misioneras españoles. Estos inmigrantes, en cuyos países se ha mantenido la fe, evangelizan hoy a nuestras parroquias y comunidades.

Se puede decir que la misión española llevada a cabo durante siglos ha sido una especie de inversión a largo plazo que el Espíritu Santo había previsto para esta época de carestía. Es el caso de la comunidad de bolivianos, que se reúnen habitualmente en la parroquia malagueña del Santo Ángel, en calle Ayala. Según Lucía, una de sus responsables, “son ya muchos los españoles que quieren compartir con nosotros la vida de fe y la convivencia.

Sin ir más lejos, el otro día vino una señora desde Sevilla, porque decía que había oído que éramos muy espirituales y que ella necesitaba algo así”.

Navidad del Espíritu

Y volviendo al tema de la Navidad, Lucía asegura que “en Bolivia la Navidad sigue siendo una fiesta espiritual, no comercial, como aquí. Hay gente tan humilde que pone simplemente un árbol natural y pinta a mano algunas bolitas para que la Navidad esté presente. Porque en estas fechas celebramos que cada año nace una nueva esperanza, que es Jesucristo vivo”.

“En Bolivia, la Navidad está marcada por el regreso de los familiares que están lejos –afirma Lucía, emocionada por el recuerdo–.

Por eso, pasar en España las Navidades habiendo dejado padres, hijos, incluso bebés de pecho, es muy duro. La fe es nuestro apoyo, porque nos da esperanza. Yo llevo cuatro años ya sin volver a mi país y cada Navidad la afronto con la esperanza de que el año que viene podré estar, por fin, con mis hijos”.

Los alrededor de 150 bolivianos que se dan cita habitualmente en el Santo Ángel celebrarán juntos la Navidad. “Pasaremos todo el día juntos, almorzaremos, nos haremos pequeños obsequios y bailaremos, a pesar de estar lejos de la familia. Pero esto podríamos hacerlo también en otro sitio. Lo hacemos en la Iglesia, porque lo que de verdad nos ayuda no es ni comer ni bailar, sino rezar juntos por nuestro sufrimiento”.