Una de las palabras más repetidas en los últimos meses es “eutanasia”, pero no se trata de una palabra moderna, se remonta a los griegos y su significado es “bien morir”.

¿Quién decide lo que es una muerte digna?

Los cristianos no estamos en contra de morir bien, de la muerte con dignidad; es más, existen varias obras de misericordia que hacen referencia concreta al cuidado material y espiritual de los enfermos y al entierro de los muertos: “rogar a Dios por vivos y difuntos”, “visitar y cuidar a los enfermos”, y “enterrar a los muertos”. La cuestión es, ¿qué es una buena muerte? ¿quién tiene derecho a quitar la vida a nadie? ¿quién tiene derecho a pedir o exigir al otro que le quite la vida? Son las cuestiones que trata de responder con sus hechos CUDECA, una ONG que atiende gratuitamente a los enfermos de cáncer en fase no curativa, consciente de que la vida tiene valor hasta el último momento.

Es lo que hace CUDECA: cuidar a los enfermos con amor. El Catecismo de la Iglesia Católica nos dice a los cristianos que “aquellos cuya vida se encuentra disminuida o debilita - da tienen derecho a un respeto especial (...) Cualesquiera que sean los motivos y los medios, la eutanasia directa consiste en poner fin a la vida de personas disminuidas, enfermas o mori - bundas (...) Aunque la muerte se considere inminente, los cuidados ordinarios debidos a una persona enferma no pueden ser legítima - mente interrumpidos”.

Pero la defensa de la vida no es sólo un postulado de la Iglesia Católica, es un derecho humano fundamental. Si nos acercamos a Arroyo de la Miel, podemos conocer la Fundación CUDECA, una ONG sin ánimo de lucro dedicada exclusivamente al cuidado de los enfermos de cáncer en fase no curativa; es decir, que saben con seguridad que su enfermedad no tiene vuelta atrás y se enfrentan directamente a la muerte.

Más de 550 personas de diferentes profesiones y confesiones religiosas trabajan codo con codo para hacer posible que 125 pacientes reciban semanalmente los mejores cuidados. A todos ellos les une una misma ideología: “una persona que se está muriendo es una persona que está viva y queremos ayudarla, atendiendo sus necesidades”, afirma Iñaki Elosúa, coordinador de Promoción y Recaudación de Fondos.

CUDECA desarrolla varios servicios con los enfermos. El más importante de ellos es la atención a domicilio. Cuatro equipos asistenciales de visita a domicilio atienden, tanto en lo médico como en lo psicológico, al enfermo y a su familia. Es una experiencia pionera en toda España y está abierta a cualquier punto de la provincia de Málaga.

Al enfermo no se le cobra nada, ni a sus familiares, pues los ingresos de CUDECA provienen de donaciones generosas y de miles de actividades creativas que los responsables de esta organización ponen en marcha. El equipo de voluntarios mantiene abiertos los rastrillos de ropa que tienen en 10 localidades, entre ellas Torre del Mar, Nerja, Estepona y Álora.

Iñaki Elosúa afirma que el mayor caudal de CUDECA es su capital humano voluntario, que mantiene vivas todas las actividades y servicios asisenciales, incluso se ofrecen para acompañar, durante la noche, a los enfermos que viven solos en casa. En la foto de portada se puede ver la fachada del edificio de esta organización, pues están a punto de abrir una unidad de ingresos, con capacidad para 16 enfermos que necesiten un tratamiento de observación más prolongado.

Este nuevo servicio se une a otros que ya existen, como es el “centro de día”: durante dos mañanas a la semana, el centro se abre para acoger a aquellos enfermos cuyos familiares necesiten un tiempo de respiro para realizar otras tareas. Esas mañanas están cubiertas con actividades de terapia, rehabilitación, entretenimiento...

Nos lo dicen las Sagradas Escrituras: “gratis lo recibísteis, dadlo gratis”. Esto es lo que hace CUDECA. No les mueve ninguna ideología política, ni religiosa, en concreto; no cuentan con financiación pública, sino con la generosidad de muchas personas; pero son el reflejo del Amor de Dios por toda la diócesis de Málaga y valoran la vida por encima de todas las oportunidades de muerte que se puedan presentar en la sociedad.

Aunque los medios de comunicación hayan puesto como ejemplo a algunos enfermos que deseaban terminar con su vida, los enfermos terminales NO están deseando morirse, ni pidiendo que los eliminen. Son frecuentes los enfermos admirables por su espíritu de superación y por su desarrollada humanidad. El sufrimiento, con amor y esperanza, también hace crecer.

Campaña de la Iglesia en España

“La vida ya no es digna si no tiene ‘calidad’”, es una de las afirmaciones de los partidarios de la eutanasia que aparece en el tríptico que la Conferencia Episcopal Española ha publicado como medio para aclarar la postura de la Iglesia con respecto a la defensa de la vida y que, en breve, llegará a las parroquias de Málaga.

En este folleto se afirma, entre otras cosas, que “hoy se maneja un concepto de dignidad que la identifica con calidad de vida y se entiende que una vida de calidad es una vida sin sufrimiento. Se produce una identificación creciente entre la vida misma y la llamada ‘calidad de vida’, medida sobre todo por criterios de bienestar físico, de posesión y de prestigio social. Según esto, la vida débil, enferma o sufriente, no podría ser en modo alguno una ‘vida con calidad’”.

Pero, llamar muerte digna a la eliminación de un ser humano es una perversión del lenguaje. Por mucha confusión que se quiera crear, no hay dudas sobre este tema, puesto que se trata de quitar la vida a una persona, aunque sea con su consentimiento.

Otra de las afirmaciones que hacen mella entre la opinión pública es que “mi vida es mía y hago con ella lo que me da la gana”. También la recoge el tríptico, y le da una respuesta: “la vida es nuestra, pero no está a nuestra disposición como si fuera una finca o una cuenta bancaria. Curiosamente se afirma la autonomía personal para poder acabar con esa autonomía.

La vida es digna porque tiene su origen y destino en Dios. El carácter trascendente de la vida, como el de la libertad, se muestra en que no podemos renunciar dignamente a ninguna de las dos”.

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