La alternativa cristiana no consistía, ni consiste, en “quítate tú para que me ponga yo”, sino en cambiar las estructuras y las formas de vivir. En la “metanoia”, o cambio de mentalidad y de compromiso
El reciente fallecimiento del presidente Adolfo Suárez y el posterior revuelo mediático, en el que, a mi entender, se han pasado un poco en la explotación de la noticia y en las falsas alabanzas, me han hecho recordar una etapa, muy difícil en mi opinión, que vivimos los jóvenes cristianos de los setenta, que intentábamos, asimilar primero y proclamar después, el “aggiornamiento” y la radicalización (vuelta a las raíces) que emanaba de las conclusiones del concilio Vaticano II. Esto unido a la situación política, en la que se vivía la necesidad de la democratización de España, nos hizo soñar y luchar por la alternativa cristiana.
En aquellos días, el Movimiento de Cursillos, al que pertenecía y pertenezco, se planteó la necesidad de adaptar la evangelización que se hacía a través de los Cursillos que se celebraban mensualmente. En la Escuela de Dirigentes se adaptaron los rollos y se incluyeron en ellos los decretos y recomendaciones conciliares. La segunda parte, la del testimonio que va más allá de las palabras, si que creó cierta confusión. Primero, la presencia en las reivindicaciones sociales (encierro de Intelhorce, etc.), después, la unificación de las escuelas de hombres y mujeres en una sola y finalmente, los cursillos de cursillos, con la petición expresa de un compromiso cristiano, social y político. Se iniciaron los Cursillos mixtos, para jóvenes, para emigrantes, etc. Todo esto junto, provocó problemas y diásporas que tambalearon los cimientos de nuestras escuelas.
Lo que si teníamos claro, y eso lo proclamábamos a voz en grito, era que la alternativa cristiana no consistía, ni consiste, en “quítate tú para que me ponga yo”, sino en cambiar las estructuras y las formas de vivir. En la “metanoia”, o cambio de mentalidad y de compromiso. Un equipo de Santander vino a ayudarnos en este empeño. Una vez asimilado el cambio (cada uno a su nivel y velocidad), nos plantearon la necesidad de que nuestras conclusiones las lleváramos a otras diócesis. Y un grupo de locos malagueños de ambos sexos, nos lanzamos a otras ciudades andaluzas a hacer con otros, lo que habían realizado con nosotros aquellos montañeses. Almería, Jerez, Huelva y Valencia fue nuestro periplo. Nos recibían con curiosidad, atención y cariño. A medida que íbamos desgranando nuestro compromiso renovado, surgía la división de opiniones, la bronca e incluso la denuncia. No llegó la sangre al río.
Quizás les suena lo que decíamos entonces: “hay que salir de las sacristías”, “tenemos que optar especialmente por los pobres, los pecadores y los marginados”, “tenemos que abrir nuestras ventanas para que entre el Espíritu”, “tenemos que huir de nuestras verdades ancestrales para buscar la Verdad”, “los seglares, hombres y mujeres, tenemos que ser actores, no espectadores, de la presencia de la Iglesia”. ¿Les suena? Lo sigue pidiendo el Papa Francisco. Y es que la “alternativa cristiana” solo tiene un camino. Zapatos viejos y olor a borrego. Compromiso cristiano. En aquellos años setenta, unos acabaron de diputados, otros de concejales, otros de alcaldes, otros de dirigentes sindicales y otros, expedientados como políticos “cristianos peligrosos”. Pero, especialmente en Málaga, la Iglesia se nutrió de jóvenes comprometidos y alegres que, posteriormente, con el tiempo, quizás nos hemos aburguesado y adocenado, pero que seguimos rezando por que nos llegue “la alternativa cristiana”: Un mundo solidario lleno de amor y de comprensión. El Papa Francisco es una excelente alternativa. El Evangelio de Jesús está ahí. Señalándonos el camino.
