Si los sindicatos se marchan al Caribe, ¿dónde harán escala los millonarios?

Una sociedad transformadora

El dinero es como el tifus; se “pega” una barbaridad. Lo peor es que el enfermo no lo nota, hay que ver. El dinero y el afán que genera hicieron explosión en el capitalismo, el cual crece como las espumas del mal; por su propia condición y a toda velocidad.

Pienso todo esto cuando leo -con la mayor atención por cierto- que el sindicato UGT se ha gastado un dineral o, como decían los antiguos, una millonada, en celebrar unos cursos de formación sindical en el Caribe, cenas incluidas. Se ha hecho hincapié en que no hay nada ilegal en ello. Es evidente. Las leyes abarcan menos que la conciencia. Las leyes tienen límites que la justicia, en abstracto, o sea la justicia fuera del alma, no conoce. Y la conciencia, como los líquidos, toma la forma de la vasija que la contiene, que definían los libros del instituto. El continente de todas las cosas es el egoísmo informado por el dinero. Nuestros sindicatos han perdido el sentido ejemplarizante de la conducta; parecen señoritos vestidos con una capa etérea a la que denominan “izquierda”. Pero eso -la izquierda- que nació como simple localización en tiempos de la Revolución Francesa, que pasó a posición reivindicativa en el ámbito de la ética, se ha convertido en simple banderola invadida, con el consumo y su correspondiente escala de valores, en pura denominación.

Si los sindicatos se marchan al Caribe, ¿dónde harán escala los millonarios?

Lo que altera la conducta humana no es una ley determinada ni un conjunto de leyes que, por lo general, nacen adaptadas al contexto, sino la autoinspección crítica que tiende a interpelar el corazón. Cuando esto ocurre por la acción del Evangelio, todas las cosas se transforman hasta la raíz.

Hubo uno que teniendo todo el poder en el cielo y en la tierra “no tuvo eso como cosa a que agarrarse sino que se hizo siervo hasta la muerte y muerte de Cruz”. Me refiero al Señor Jesús, claro.