Miles de familias pasan hambre pero tenemos más políticos en ejercicio y sueldo por metro cuadrado que el resto de Europa.
El cierre de “Canal Nou” es algo más que una anécdota relevante en el panorama económico-político español. Por el contrario, evidencia la enorme frivolidad gestora con que han trabajado nuestros representantes políticos. La gran mayoría de empresas públicas autonómico españolas, si me permiten el neologismo, poseen unas plantillas sobredimensionadas para contentar a correligionarios y amiguetes. Cada nueva oleada de “electos”, coloca a los colegas más convenientes para sus intereses. De esta manera se van creando bolsas parasitarias o superfluas que engordan los presupuestos hasta límites de asfixia.
Está en la mente de todos los gestores públicos la inviabilidad, a corto plazo, de esta España repartida en compartimentos. Lo curioso es que nadie da un paso para desenmascararlo. El PSOE propone una España Federal. Pero eso es lo mismo con distinto nombre. Porque no es seguro que esa federación o confederación, como matizan algunos, concediera más atribuciones a las distintas entidades federadas que las que ahora tienen las diferentes autonomías; a no ser que se rompiera definitivamente con el mismo concepto de nación española. La alternativa por parte del PP no existe. Silencio. A lo largo de los años, voces muy autorizadas de todo signo político, cultural y profesional han denunciado la inviabilidad del modelo autonómico. Son veces perdidas en la inmensidad del egoísmo inalterable y suicida de nuestros dirigentes.
Miles de familias pasan hambre pero tenemos más políticos en ejercicio y sueldo por metro cuadrado que el resto de Europa. Lo mismo ocurre, claro, con las instituciones. Por si faltara poco, somos los más originales del hemisferio. En todas partes, federaciones o autonomías, se han formado a partir de núcleos nacionales preexistentes. Las nuestras las ha hecho desde la nada. O sea, de nueva planta ¡Creatividad se llama eso!
