Ver como seres humanos mueren en el siglo ventiuno buscando la libertad y poder tener alimento para su familia es tremendo
Es una vergüenza tremenda lo que está pasando en el mundo de la "globalización". Me refiero a la última tragedia que ha ocurrido frente a la isla de Lampedusa. Todos, al ver la noticia, nos hemos horrorizado, como no podia ser menos.
Ver como seres humanos mueren en el siglo ventiuno buscando la libertad y poder tener alimento para su familia es tremendo. Pero analizando la noticia, ésta la vemos sentados cómodamente en nuestro sofá, probablemente delante de nuestro almuerzo o cena, y nos impacta, lo comentamos indignados, pero a continuación, seguimos viendo el programa que toque. ¡Ya pasó el mal momento!
Pues ¡no! No ha pasado. Hay que preguntarse y preguntarles a los políticos, a la Comunidad Económica Europea que se pasan el santo día de reuniones, qué demonios acuerdan hacer para quitar la lacra de esos gobernantes corruptos, de esos países que pisotean la humanidad de sus gentes. ¡Hay que ir a por ellos! Y no contra esas pobres personas que llegan en aras de la libertad. Lo segundo es más cómodo que lo primero.
Creo -es mi opinión- que tantas instituciones políticas no sirven nada más que para que vivan y medren unos pocos, o mejor dicho, muchos, a la vista está. El papa, como ya dijo hace unos meses, acaba de repetir que estamos en "la globalización de la indiferencia". ¡Qué verdad! Es una noticia más. Es una noticia que la alcaldesa de Lampedusa diga que ya no hay materialmente sitio para los vivos ni para los muertos. ¡Horroroso!
El día 4 de octubre -como hay que sacar un día para cada cosa- he oido que es el día de la sonrisa, pues a mí se me ha borrado, y pido que sea el día de una oración para todas esas víctimas que han encontrado la muerte, cuando lo que querían era la libertad.
Aunque si pensamos con espíritu cristiano ¡YA LA HAN ENCONTRADO!
