El nombramiento de Otegui como asesor del independentismo catalán pone el dedo en la herida de la incongruencia.
Otegui es un filoetarra marxista. Desde luego no pretendo analizar el “curriculum” ideológico de Otegui. Cada día estoy más convencido de que los cristianos no estamos para juzgar o condenar a nadie sino, en todo caso, a algo. Sólo intento llamar la atención sobre la incongruencia y las posibles consecuencias violentas de la designación. Insisto, Otegui es marxista y tanto el marxismo como su derivado más o menos lejano, la socialdemocracia, se apoya en dos columnas incontrovertibles: la igualdad y el internacionalismo. Sin esos dos elementos, jamás podrá considerarse como de izquierdas doctrina alguna.
”La Internacional” que, como todo el mundo sabe, es una declaración de intenciones más que un himno, proclama el derecho de “los pobres de la Tierra” en general; es decir, de todos los pobres de la Tierra. Las patrias son algo nuevo que aparece a lo largo del siglo XIX y, desde luego, cuando se las toma como limpias unidades administrativas, valen; de lo contrario, como diferenciadoras y enaltecedoras de algunos grupos o individuos en contra de los demás, están lejos de expresar la grandeza de la dignidad humana.
Quizá muchos cristianos hayan caído en un error parecido. El Señor Jesucristo se hizo hombre y por ese hecho inconcebible y maravilloso, todos los hombres participamos en la grandeza inaudita de ser hombre.
En la Biblia dice que Jesús no tuvo el ser igual a Dios como cosa a que atenerse sino que se hizo siervo hasta la muerte, y muerte de Cruz.
Si los catalanes quieren formas una unidad administrativa diferenciada de la española, en su derecho están. Si, por el contrario, se entiende que la patria catalana merece una condición especial, yerran.
