El hombre y la mujer modernos, retraídos en su “yo”, viven el mayor proceso de egoísmo e incomunicación que jamás se ha conocido en la historia. Nadie quiere entregarse a nadie de corazón por temor al fraude, a la traición.

Progreso y caverna

Se queja una periodista muy popular, asidua a las tertulias televisivas, de que, en “cuanto te declaras cristiana practicante tanto tu entorno como el gran público opina que vives en la caverna”. Tiene razón. La corriente de pensamiento llamada “progresista” abomina de cualquier cosa que hipotéticamente pueda coartar la libertad individual. Ocurre, sin embargo, que la llamada libertad preponderante, furiosamente individual, en la gran mayoría de los casos, es una especie de vacío intelectual y moral carente de referencias, y compromisos. En nuestro espacio de vivencias la libertad se desarrolla, todo lo más, en islotes individualistas que navegan en un mar de escepticismo.

Las drogas, desde la cocaína a la publicidad motivadora, aumentan su influencia y nos convierten en robots adormecidos, acríticos y rutinarios: “conozco tan bien mi futuro que es como si fuera pasado”, dice un personaje de Kafka. La economía mundial la manejan no más de seiscientas familias que, en realidad, son los auténticos dueños de todo; también de nuestra libertad. El hombre y la mujer modernos, retraídos en su “yo”, viven el mayor proceso de egoísmo e incomunicación que jamás se ha conocido en la historia. Nadie quiere entregarse a nadie de corazón por temor al fraude, a la traición. Todos sabemos que los límites morales se han roto bajo la presión del escepticismo.

Wllians Goldwin, premio nobel de literatura, presenta una novela fascinante; se llama “El señor de las moscas”. Analiza la vida de varios muchachos en una isla desierta donde han ido a parar a consecuencia de un naufragio. Son libres, pero las consecuencias resultan desoladoras. Merece la pena leerla porque refleja la actualidad. Nuestra cultura occidental se estableció a partir del mensaje del Evangelio. Solo a través de él podemos vivir la gran libertad en “la aventura de la Fe”…El Señor Jesús dijo: “Sin mí nada podéis hacer” Es Dios, no puede equivocarse.