Nadie sabe quien diseñó este mundo contrecho y semisordo donde unos pugnan contra el colesterol y otros no encuentran el remedio a la anemia.

Cincuenta euros para empezar

El nuestro es un mundo de datos, de cifras y exactitudes. Por ejemplo, dicen que en las próximas horas se moverán por las carreteras españolas unos treinta millones de vehículos.

A mismo tiempo, y en una estadística menos exacta, sabemos que a la llegada del buen tiempo y al socaire de la mar en calma, la Europa mediterránea recibirá a miles de emigrantes que, sobre cualquier cosa que flote, emprenderán viaje sin rumbo. Quiero decir a un sitio sin santo ni seña. A un lugar entre el anochecer y las luces del alba.

Las rutas de occidente, los caminos y veredas del paraíso, van a estar muy concurridas en los próximos días. Unos, a la búsqueda de de un “algo” que les libere de la rutina del invierno, otros, jugándose la vida, sin horizonte ni brújula, para encontrar algún espacio donde se coma todos los días.

Lo difícil es encontrar las razones exactas como no sean las del egoísmo. Nadie sabe quien diseñó este mundo contrecho y semisordo donde unos pugnan contra el colesterol y otros no encuentran el remedio a la anemia.

Todos andamos por las mismas carreteras, a todos nos calienta el mismo sol de las payas que los folletos turísticos llaman “doradas”.
En la última redada contrainvasora se descubrió que un emigrante escondía cincuenta euros apretujados en forma de envoltorio mugriento. Seguramente para financiar los primeros pasos por el eden. Hombre, evidentemente no estaba al día de la lista de precios y cotizaciones de por aquí. A lo mejor, había pasado mucho tiempo desde que comenzó su ahorro y, como todo el mundo sabe, las cosas estan cada vez más caras.

Sí, las carreteras, las playas… todo está lleno. En el verano suceden estas cosas.