Con este mote o apelativo cariñoso designábamos, los recién arribados del Cursillo, a los hombres y mujeres que formaban la avanzadilla de los Cursillos de Cristiandad en los años 70.
Con este mote o apelativo cariñoso designábamos, los recién arribados del Cursillo, ilusionados con la vivencia de lo fundamental cristiano, a una serie de hombres y mujeres que nos precedieron en el seguimiento del Evangelio de Jesús y que formaban la avanzadilla de los Cursillos de Cristiandad en los años 70. Era unos tipos formidables, sin ningún tipo de respeto humano. Con una valentía rayana en la temeridad, crearon un nuevo mundo de atención a los pobres, de visitas a los enfermos, de predicación de la palabra allá donde se encontraran y de un sentido nuevo en la participación de los seglares en la liturgia.
El canto del “De colores”, significaba un banderín de enganche para complicarse la vida. Me enseñaron a rezar fuerte y sin pudor y a visitar la sala de los enfermos “especiales” de los hospitales. En mi encuentro con “las bestias”, apenas había pasado una semana estaba visitando a una leprosa, jugando al dominó con los tuberculosos, entrando a la cárcel de mujeres, disfrazado de rey mago, y comencé a dar mi sangre a borbotones junto a mi amigo Manolo Marfil (los AB positivos).
La mayoría de ellos ya están con el padre: Elisa Escobar, Marisa Téllez, Pili Segura, Encarna Ramos y tantas otras “fieras”. Antonio Checa, Pepe Jiménez, Juan Carnero, José Luís Mota, Juan “Petesa”, José María Blanco, Benito Mingorance, Carlos Linares, “el Divino”, etc. Un grupo de hombres que eran comandados por curas como “el señorito”: D. Ángel Rodríguez Vega; el “Cura Paco, Cartajima”; “el legionario: D. Antonio Ramírez; de Estepona; Diego Gil, Antonio Gómez, el padre Gámez, Alfonso Arjona, todos ellos vivos, gracias a Dios, etc.
Hoy me quiero referir a dos “Tupamaros”; grupo al que fui incorporado con 25 años. Juan Sintas; felizmente vivo y en el reposo del guerrero y César Fermín, que ha pasado al Padre recientemente. Juan creó la cooperativa “Virgen del Cobre”, que no supieron aprovechar los “cales” del corralón de Martínez Maldonado, e hizo florecer el Voluntariado de Prisiones. Cesar Fermín era un auténtico loco de amor por los demás. No se si era arquitecto o aparejador. Se que hacía obras. Las de los templos, sin planos ni papeles. Sin dinero ni permisos. Así se construyó la Parroquia de Santo Tomás de Aquino. Con una caballete de hierro de aquí y unos ladrillos de allá. Supongo que las “irregularidades administrativas” ya habrán prescrito. Teníamos menos papeles que la “fragoneta de un hippie”. Cesar me enseñó a rezar el “rosario guerrillero” que sigo masticando y transmitiendo a quien lo quiera aprender y a no tener miedo nada más que a mí mismo.
Nuestro sueño era crear una auténtica comunidad. De viviendas, de hábitat, de economía y de oración. Vimos un terreno en Almayate costa y otro en Cártama. Aquello no salió por problemas económicos. Pero habría sido un “puntazo”. No éramos mejores que los cristianos actuales. Ni de aquellos que viven el Cursillo de Cristiandad en nuestros días. Ni mucho menos. El mensaje les sigue llegando fresco y apetecible. Pero, inevitablemente, añoro aquellas bestias de Yahveh. Fueron los primeros hombres y mujeres que “con corbata, con chaqueta o mono azul de obrero” dieron la imagen de unos seglares valientes y comprometidos. Dios nos bendijo y bendijo a Málaga con aquellos “Tupamaros”: Cesar Fermín y otros. Hoy escribo estos recuerdos en homenaje a ellos. Ojalá dentro de cuarenta años algún “juntapalabras” se acuerde de nosotros con añoranza.
