“Muchachos, queramos o no queramos estamos en primera fila”, Manolo Montes dixit.

Primera fila

 Ya hace años que vengo observando el relevo generacional de dos grupos de personajes –en función de la edad- que asisten a los entierros: aquellos que se quedan en el cementerio y los asistentes que felizmente podemos regresar. El primer grupo siempre es gente nueva –cosa obvia por otra parte-, pero el parentesco que nos une a ellos ha ido evolucionando con la edad. Primero acudimos al entierro de nuestros abuelos, después al de los padres y tíos, y ahora, desgraciadamente, asistimos al de nuestros amigos y, a veces, la maldita carretera o cosas peores, nos hacen asistir al de nuestros hijos.

La realidad es que estamos en primera fila. Mi amigo Antonio Checa me enseñó a vivir esta experiencia con serenidad. Los creyentes tenemos una gran ventaja sobre los que no lo son. Nosotros esperamos una vida eterna tal como nos la prometió Jesucristo. Los que no tienen fe las pasan canutas pensando en que aquí se acaba todo. Nuestra misión es decirles la verdad y transmitirles esperanza. Y a eso voy.

Hace unos días asistí a la catequesis en vivo más hermosa que he percibido en los últimos tiempos. Desde hace algún tiempo, los católicos de a pie nos hemos mojado en estas situaciones y estamos consiguiendo pasar de un “cumplimento” más, a una celebración serena del tránsito. En la Misa de despedida de un buen amigo, su hermano, Ramón, un hombre que ha superado cualquier tipo de trauma o cortapisa para manifestar su fe, proclamó el testimonio de despedida más sincero y hermoso que se puede presentar en tan difíciles circunstancias. Con voz fuerte, aunque trémula, transformando su pena en serenidad, nos cambió un acto que, casi siempre, se queda en lo protocolario, por un encuentro con Dios, con el hermano fallecido y con su familia.

Tenemos que aprender de Ramón. El mundo necesita de espacios en los que la dificultad se transforme en esperanza, la soledad en un abrazo múltiple y el último instante de la presencia personal, en el primero de la participación en la Comunión de los Santos.

Los que estamos en primera fila, amén de estar preparados, debemos transmitir a cuantos nos rodean nuestro deseo de que en los momentos de tránsito -que tenemos que pasar, es ley de vida- nos traten con fe, esperanza y caridad. Se lo agradeceremos.

Por cierto, yo no tengo ninguna prisa, me queda mucho que hacer. Os deseo a todos una larga y fructífera vida e ideas claras para vivirla y abandonarla.