Hay que radicalizarse. Volver a las raíces. Leamos despacio el libro de los Hechos 2-42 hasta el final.

La comunidad

Los Hechos de los Apóstoles nos presentan una comunidad de de los primeros tiempos del Cristianismo. Sus componentes reciben la Palabra de primera mano y sin ningún tipo de deformación o manipulación. Es el propio Pedro el que se la trasmite y vigila el que se viva de forma adecuada, tal como la propuso el propio Jesús.

El relato del narrador (probablemente de San Lucas) nos dice textualmente: “todos ellos perseveraban en la enseñanza de los apóstoles (formación) y en la unión fraterna (trato-amistad-cariño), en la fracción del pan (Eucaristía) y en las oraciones”.

Pertenezco a una comunidad cristiana que intenta radicalizarse (volver a las raíces). Personalmente, llevo viviendo este empeño desde hace 43 años –ya es tiempo-, pero aun nos falta bastante. En lo que respecta a la formación, estamos “al loro”; procuramos conocer y analizar la Palabra, los documentos eclesiales, los signos de los tiempos y de la actualidad mundana. En “la unión fraternal” estamos sobrados. Pertenezco a la comunidad más besucona del mundo, hasta el punto de que, a veces, hay que ponerse a la defensiva, dado lo efusivo de sus componentes. Pero detrás de las expresiones físicas hay un autentico amor fraternal y casi familiar. Ciertamente en este aspecto hemos llegado a niveles excelentes.

“La fracción del pan” es el máximo exponente del nivel de una comunidad. En eso somos sobresalientes. Cada Eucaristía se celebra
(subrayo este apartado) sin prisa y con autenticidad. Es la única Eucaristía entre las que asisto, en la que hay que cortar el rito de la paz porque dura más que un rosario de los antiguos. Lo malo es que no la podemos celebrar a diario y (dolorosamente) observamos que cuando asistimos a otras misas, echamos de menos (sin negar la pureza y autenticidad de las mismas) el espíritu comunitario y cercano de los asistentes.

La oración es excelente. Los avances de la comunicación nos permiten estar intercomunicados y realizar la misma meditación a diario, que nos facilita nuestro presbítero, así como a estar al tanto de la oración comunitaria a horas concretas y una buena media hora semanal.

Pero tenemos una dificultad, ay, no nos podía faltar la cruz. Nos cuesta más trabajo hacernos presente en la sociedad hostil que nos rodea. Como “Clodomiro”, sabemos la música, pero hemos olvidado la letra. Las primeras comunidades fueron perseguidas por su “locura”. Nosotros no tenemos que ser “echados a los leones”. Tampoco es necesario. Basta con que defendamos la verdad, los pobres y los inocentes allá donde nos encontremos.

Dos ejemplos de coherencia evangélica. 1º: el Papa Francisco acaba de conmemorar el 1º de Mayo manifestando la defensa de los parados y de los trabajadores en general que son los que, de verdad, están sufriendo la situación actual: "La dignidad no es la que da el poder, el dinero, la cultura, no. La dignidad nos la da el trabajo y un trabajo digno", porque hay tantos "sistemas sociales, políticos y económicos que han hecho que ese trabajo signifique aprovecharse de la persona". En ese marco, el sumo pontífice reclamó: "Pido a todos que en la medida de sus responsabilidades se esfuercen por crear puesto de trabajo y creen esperanzas en los trabajadores". 2º: El Obispado de Málaga, en una decisión que me llena de alegría, ha llegado a un acuerdo excelente para el mantenimiento del Cottolengo”.

Hay que radicalizarse. Volver a las raíces. Leamos despacio el libro de los Hechos 2-42 hasta el final. Entonces conseguiremos los resultados del último fragmento: “alababan a Dios y se ganaban el favor de todo el pueblo. Por su parte, el Señor agregaba cada día los que se iban salvando al grupo de los creyentes”.

En esa estamos. Por cierto, soy totalmente feliz con mi comunidad. Vamos caminando en esa dirección.