Varios ayuntamientos –el de Málaga entre ellos– procuran por estos días evitar esa fiesta a la que se conoce con sobrenombre de “el botellón de primavera o macrobotellón”. En realidad, más que una fiesta, el botellón no es más que una manera de establecer vínculos identificativos y, por lo tanto, autoprotectores que, de manera más o menos consciente, necesita la juventud contemporánea.