Hoy entra Jesús en Jerusalén, en la ciudad más importante de Israel, la ciudad santa. Ya durante la Cuaresma hemos contemplado a Jesús, que tiene el firme propósito de subir a Jerusalén. Es consciente de que allí llegará la Pasión y la glorificación. Con espontaneidad el pueblo se echa a la calle y, en un momento, todos, con palmas y ramos de olivos, alfombran el suelo y lo proclaman Rey y Señor. Es una manifestación mesiánica de Jesús. Al que montan en un borriquillo, lo clavarán en una cruz.