Si hay un periodo del año que aglutina a los ciudadanos de todo el mundo, ése, sin duda, es el de la Navidad. Creyentes y no creyentes viven con singular fruición esos días evocadores de sueños e ilusiones forjados, por lo general, en el calor del hogar, rúbrica indeleble de una infancia que pervivirá siempre en el corazón emanando efluvios de una felicidad que, aunque nunca regrese con la misma intensidad, ha dejado imborrable estela trazada en el interior de cada uno.