Homilía de Mons. Jesús Catalá en la Eucaristía con motivo de la visita a los sacerdotes en la residencia "El Buen Samaritano" de Cáritas Diocesana de Málaga
VISITA A LOS SACERDOTES
EN LA RESIDENCIA DE “EL BUEN SAMARITANO”
(Churriana-Málaga, 20 enero 2025)
Lecturas: Heb 5, 1-10; Sal 109, 1-4; Mc 2, 18-22.
1.- Cristo, Sumo Sacerdote
En la primera lectura de la Carta a los Hebreos se habla del sacerdocio de Jesucristo, enviado del Padre para salvar al mundo; Él es el sacerdote eterno, según el rito de Melquisedec, el sumo sacerdote (cf. Heb 5, 10). Después Jesús nombró a sus apóstoles, para que continuaran su obra salvadora; y ellos, a su vez, nombraron sucesores, los obispos.
Hoy damos gracias a Dios por Jesucristo como sacerdote y pontífice de toda la humanidad. Damos gracias a Dios también por los sacerdotes, los que están aquí en la residencia y los que están ejerciendo en las distintas parroquias y otros lugares, porque son un regalo del Señor para todos nosotros. El sacerdote representa a Jesucristo, nos perdona los pecados, celebra la eucaristía, predica la Palabra; es decir, nos ofrece la salvación de Cristo.
Hoy queremos dar gracias a Dios por Jesucristo, sumo sacerdote, y por los sacerdotes que continúan realizando su misión. Seamos agradecidos a Dios por quienes que ejercen el ministerio sacerdotal.
2.- Vinos nuevos en odres nuevos
En el evangelio de hoy Jesús emplea dos ejemplos. Para remedar una pieza rota hay que hacerlo bien hecho. No se puede poner un trozo de tela nuevo en una tela o en un traje viejo, porque se rompen las dos cosas (cf. Mc 2, 21). Las personas que habéis hecho labores de cosido lo entendéis muy bien.
Y el otro ejemplo es el vino y los odres. El vino nuevo debe ir en odres nuevos (cf. Mc 2, 22). ¿Y esto qué significa? Que con la venida de Jesús ha cambiado todo. Jesús nos trae el vino nuevo, el vino de la fiesta, el vino del perdón, el vino de la alegría, el vino de la esperanza, el de la fe, de la caridad. Eso es un vino nuevo. Y no puede ser acogido por nosotros con viejos odres.
Hemos de quitar el hombre viejo, que nos dice san Pablo (cf. Ef 4, 22-24), para convertirnos en hombres nuevos, en personas nuevas; hombres y mujeres nuevos.
Hemos de ser, en definitiva, odres nuevos que acojan a Jesús, que es lo nuevo, lo creativo, el perdón, el amor. Esta es la invitación que nos hace el Señor a ser odres nuevos.
Así que cada uno, en el estado en que esté, que procure vivir con alegría esa novedad que trae Jesús y acogerlo en su corazón.
3.- El Jubileo de la esperanza
Estamos celebrando el Jubileo 2025 que el Papa nos ha regalado. Vosotros sabéis que podéis ganar el Jubileo viniendo aquí a la capilla, rezando por el Papa, haciendo la profesión de fe a través de la recitación del Credo; y no es necesario que vayáis a la catedral.
Por tanto, los impedidos, los que no pueden salir de casa, los enfermos, desde su lugar propio pueden hacer el Jubileo. Pero, de todas maneras, proponemos, junto con el director de esta Casa, que los que lo deseen y puedan vayan durante este año a la catedral, sede de la diócesis, que es el templo jubilar.
Los que se puedan desplazar podéis hacer una peregrinación en cualquier momento oportuno; y, además de ganar aquí el Jubileo; pero también lo podéis ganar en el primer templo de la diócesis que es la catedral. Ya sabéis que estamos poniéndole el tejado a dos aguas; y es bueno que visitéis la catedral.
Que tengáis un feliz Año Jubilar y que vivamos todos con la alegría de ser perdonados por el Señor y de ser odres nuevos.
Que la Virgen María, que acogió el vino nuevo en su seno y en su alma, a Jesús, nos ayude también a nosotros a acogerlo. Que así sea.
