Homilía de Mons. Jesús Catalá en la Eucaristía celebrada en la Catedral de Málaga con motivo de la Jornada por la Vida 2025
ANUNCIACIÓN DEL SEÑOR. JORNADA POR LA VIDA
(Catedral-Málaga, 25 marzo 2025)
Lecturas: Is 7, 10-14; 8, 10; Sal 39, 7-11; Hb 10, 4-10; Lc 1, 26-38.
Abrazando la vida, construimos esperanza
1.- Hoy celebramos la fiesta de la Encarnación del Hijo de Dios en el seno de la Virgen María; y nos alegramos de que nuestra Catedral esté dedicada a este gran misterio de Cristo.
En la Anunciación el ángel Gabriel, enviado por Dios a la Virgen María de Nazaret (cf. Lc 1, 27), le transmite el mensaje de que va a ser la Madre del Hijo de Dios, quien se llamará “Jesús”, es decir, “Dios salva” (cf. Lc 1, 31).
El papa Francisco comentó en una homilía en Santa Marta (2018) que éste es el “momento decisivo de la historia; el más revolucionario”, porque da un cambio total a la historia y la invierte. Dios sorprende a toda la humanidad; es el “Dios de las sorpresas”, porque cambia el destino del hombre. Este transcendental momento de la historia ha cambiado todo desde la raíz. Por ello, cuando profesamos este misterio en las fiestas de la Anunciación y de la Navidad, nos arrodillamos adorando al Hijo de Dios, que se ha encarnado.
Dios se anonada haciéndose hombre (cf. Flp 2, 6-8); llega hasta nosotros, pobres pecadores; entra en la historia y sorprende a toda la humanidad. Este hermoso momento está lleno de esperanza.
2.- El lema de la Jornada por la Vida, que se celebra en España, tiene por título «Abrazando la vida, construimos esperanza», combinando así el tema de la vida y el del jubileo 2025 que estamos celebrando. Los cristianos estamos a favor de la vida humana desde el momento de su concepción hasta la muerte natural. Nadie tiene derecho a eliminar una vida humana, aunque se encuentre en las peores condiciones; sea no-nacido, enfermo terminal o anciano.
Pero nuestra sociedad ha perdido el sentido de la vida humana y le ha quitado todo su valor. Se aprueban leyes que pretenden dar un derecho inexistente a quienes cercenan la vida humana. Ni los estados, ni las madres gestantes tienen derecho a eliminar una vida humana; porque no es un derecho, sino un “asesinato” impune por la ley.
Es penoso verificar que, desde la aprobación de la ley del aborto en España en 1985, se han registrado unos cien mil abortos anuales; pero de eso nadie habla, salvo la Iglesia. Quien no denuncia estos asesinatos, se hace cómplice de ellos.
Si abrazamos la vida humana y la respetamos, construimos esperanza; de ese modo ponemos las bases de la dignidad del ser humano, creado a imagen y semejanza de Dios (cf. Gn 1, 26-27).
3.- La solemnidad de la Encarnación del Señor adquiere un relieve especial en el contexto del Jubileo 2025, cuyo lema es: «Peregrinos de esperanza».
En la bula de convocación del Año jubilar el papa Francisco nos proponía descubrir los signos de esperanza, siguiendo el espíritu del Concilio Vaticano II, que nos recordaba: «es deber permanente de la Iglesia escrutar a fondo los signos de la época e interpretarlos a la luz del Evangelio» (Gaudium et spes, 4).
Y uno de estos signos de esperanza consiste en mirar el futuro y tener una visión de la vida llena de entusiasmo para compartir con los demás (cf. Spes non confundit, 9). Si somos cristianos y vivimos esa esperanza, hemos de transmitirla a los demás.
4.- La mirada de fe y de esperanza en la vida eterna nos ayuda a valorar la vida humana, llamada a participar de la visión beatífica en el cielo, junto con los ángeles y santos.
Esta mirada esperanzada da sentido a la propia existencia, en medio de las dificultades de la vida terrena; y ayuda a comprender los interrogantes más fundamentales del ser humano, como nos recuerda el Concilio Vaticano II: ¿Qué es el hombre? ¿Cuál es el sentido del dolor, de la enfermedad, del mal, de la muerte, de las guerras? ¿Qué hay después de esta vida temporal? (cf. Gaudium et spes, 10).
Como dice san Agustín: «Nos hiciste, Señor, para ti; y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti» (Confesiones, I, 1). Solo en Jesucristo, el Hijo de Dios encarnado, encontramos la verdadera respuesta a todos los interrogantes y a nuestros anhelos más profundos.
5.- Nos encontramos en una época marcada por grandes desafíos económicos, políticos, culturales y tecnológicos, que pueden llevar a la desesperanza al menoscabar la dignidad del ser humano, y ser manipulado por los poderes y por intereses egoístas.
Esta transformación profunda afecta a la sociedad, a la familia y a las personas individualmente. En este contexto es bueno recordar que la familia es la comunidad que une persona y sociedad (cf. Subcomisión Episcopal para la Familia y Defensa de la Vida, Mensaje para la Jornada de la Sagrada Familia 2024. Madrid, 29.12.2024). Los cristianos debemos defender la vida humana y la familia como dones divinos.
Cuando el ángel Gabriel anunció a María su maternidad, le dijo que era obra de Dios: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios» (Lc 1, 35).
La Virgen María respondió: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra» (Lc 1, 38). El Señor espera de nosotros una respuesta afirmativa a su voluntad, una acogida amorosa de la vida humana y una defensa de la misma. ¡Abracemos la vida humana para construir esperanza y promover su dignidad!
Que santa María de la Encarnación, Madre de la Vida, ilumine nuestro caminar en este año jubilar y nos sostenga cada día en la esperanza. Amén.
