Primera Misa de Mons. Satué en el Santuario de la Victoria

CARTA DESDE LA FE 28/09/2025: Santa María de la Victoria

Queridos diocesanos, amigas y amigos de Málaga y Melilla:

Durante cuatro años he compartido semanalmente una “Carta desde la fe” con los turolenses. A partir de hoy me dirijo a vosotros. Comienzo esta nueva etapa de la mano de la Virgen María, a la que honramos con la bella y sugerente advocación de la Victoria, en recuerdo del triunfo de los Reyes Católicos que supuso la reconquista de estas tierras hace cinco siglos. Con María, queremos ampliar el horizonte y aprender el auténtico sentido de la victoria cristiana, capaz de iluminar nuestro presente y orientar nuestro futuro.

El icono que revela el significado más profundo de la victoria no es otro que la cruz. En el Calvario nada es lo que parece. A los ojos del mundo, Jesús fue derrotado definitivamente. Sin embargo, ante la mirada de su Padre, Él es el auténtico vencedor, porque nada ni nadie pudo apartarlo de su amor y del amor a la humanidad.

En efecto, en la cruz triunfa la verdad insobornable de Jesús, que no mintió ni siquiera para evitar la pasión y la muerte. En ella, el inocente carga con el pecado del mundo, no para condenar, sino para redimir; para enseñarnos que la verdadera justicia consiste en defender al débil, levantar al caído y restaurar la dignidad de cada persona. La cruz manifiesta la libertad más grande: aquella que elige entregarse y no reservarse. Es una libertad liberadora de las cadenas del pecado, del miedo, de la muerte y de todo aquello que nos esclaviza.

Desde el Calvario brota un amor que vence la indiferencia y el egoísmo. Incluso en su agonía, Jesús se preocupa por su madre, por el discípulo, por el buen ladrón y por quienes lo crucifican. No se guarda nada: se entrega por entero. En un mundo que tiende a encerrarse en sí mismo, Cristo nos revela que no hay circunstancia en la que no sea posible amar.

Del mismo modo, nosotros vencemos cuando, con la ayuda de Dios, resistimos las tentaciones del enemigo y avanzamos con firmeza, tanto en las pequeñas como en las grandes decisiones de la vida, por la senda luminosa de la verdad, la justicia, la libertad y el amor. En cambio, nos convertimos en seres miserables cuando, aunque parezcamos personas importantes, en realidad andamos chapoteando en las aguas turbias de la mentira, la injusticia, la esclavitud y el desamor.

La victoria sobre la tiranía de lo inmediato nos abre un horizonte de eternidad. Algún día, la victoria será definitiva. En la casa del Padre disfrutaremos plenamente de la verdad, la justicia, la libertad y el amor, sin sombra alguna de contradicción.

Que la Virgen de la Victoria interceda por nosotros, para que sepamos vencer como Jesús y con Jesús. Esta es la única victoria que transforma el corazón humano y renueva el mundo.