Antonio Collado, vicario de la Promoción de la Fe y párroco de San Juan Bautista de Málaga, nos ofrece la Lectio Divina con el Evangelio del domingo 7 de septiembre, 23º del Tiempo Ordinario (Ciclo A).
El capítulo 18 del Evangelio de Mateo contiene diversas enseñanzas acerca de la vida comunitaria, en especial acentúa la actitud ante los hermanos que tropiezan. Me acerco al texto desde una profunda actitud de escucha.
Meditación (Meditatio) Hay dos partes claramente diferencias en el relato: los primeros versículos (Mt 18,15-17) proponen un itinerario de corrección fraterna y los siguientes (vv. 18-20) recogen tres sentencias de Jesús. Leídos en el contexto de todo el capítulo, estos versículos pueden ser una aplicación práctica de la parábola de la oveja perdida (Mt 18,12-14). La corrección es un proceso hecho con respeto y amor: el pecador es un hermano (dos veces se repite la palabra), su falta se trata con discreción. En la mentalidad bíblica, el pecado de un individuo repercute en toda la comunidad. Tal vez por eso, en esta búsqueda aparece implicada la comunidad cristiana entera. Como en toda búsqueda, el esfuerzo puede culminar en éxito o en fracaso. En el primer caso, «habrás ganado al hermano». En el segundo, hay que considerarlo como «un pagano o un publicano», expresiones propias de una comunidad cristiana todavía anclada en el judaísmo. Son sugerentes los verbos que utiliza el evangelista para referirse a la actitud del pecador (“si te escucha”, “si no te escucha”, “si los desoyes”), que contrastan con la presentación que se hace de Dios en las sentencias que siguen. ¿Puedo descubrir cuál es el mensaje de estas sentencias? ¿Qué se dice de Dios en ellas? La clave para entenderlas está en la tercera sentencia: “Allí estoy yo en medio de ellos”. Sólo desde la autoridad de Cristo que está en medio de su pueblo, los discípulos deben atar o desatar, retener el pecado o perdonarlo. De igual modo, cuando los discípulos se ponen de acuerdo por su cuenta en la tierra para pedir algo en nombre de Jesús, el Padre del cielo se lo concede. La búsqueda del hermano descarriado tiene su fundamento en el amor del Padre, que no quiere que se pierda ni uno solo de sus pequeños. Queda claro desde la centralidad del mandato del amor, que el desatar y el perdonar tienen absoluta prioridad sobre el atar y el excluir.
Oración (oratio) Me quedo con lo que me parece más sobresaliente en el rostro de Jesús que me propone hoy el Evangelio. Y en la oración, lo medito, lo considero, lo interiorizo con la ayuda del Espíritu.
Contemplación (contemplatio) En la relación con Dios, la oración ocupa un lugar privilegiado. ¿Cómo debería ser mi oración a la luz de este pasaje? Contemplo cómo el Señor me llama, me atrae y en silencio contemplo.
Compromiso (actio) A veces mi corrección fraterna, si la practico, puede ser más bien “fratricida”. ¿Qué puedo hacer para mejorar en la corrección mutua?
