Está claro que en nuestra vida no todo importa de la misma manera y al mismo nivel. Todos nos hacemos nuestra propia escala de valores, según la cual organizamos nuestra vida. Hay cosas, personas, criterios... que son fundamentales para nosotros, y otros que son secundarios. No todos influyen nuestra vida de la misma manera. Hoy Jesús nos habla de eso, en referencia al reino de Dios. Termina hoy la serie de parábolas sobre el Reino, que nos presenta el evangelista San Mateo. Para el Señor, el Reino es algo por lo que hay que dejar otras muchas cosas, que son buenas pero que son secundarias. El cristiano es aquel que habiendo descubierto ese tesoro, deja todo lo demás
y apuesta toda su vida y sus fuerzas por “embarcarse” en esa aventura que no es la suya propia sino la de Dios. 

El que se encuentra con Jesucristo, no como un mito ni una idea, sino como una persona real, viva, ... experimenta que su vida cambia. Es una alegría que no se puede contener y que no se puede callar. Todo lo demás pasa a segundo plano. Toda nuestra escala de valores se organiza de otra manera. Ya lo más importante es eso que me enseña Jesús, porque es lo que me da la verdadera felicidad que nada ni nadie me puede dar. Es como encontrar el tesoro escondido o la perla de más valor. Que con nuestra vida sea esto lo que manifestemos a todos. 

¡Feliz domingo!