Homilía de Mons. Jesús Catalá, durante la Eucaristía de celebración del matrimonio de D. Mario Maza Morales y Dña. Beatriz Socias Flores
MATRIMONIO DE D. MARIO MAZA MORALES Y Dª BEATRIZ SOCIAS FLORES
(Parroquia Santos Mártires-Málaga, 22 noviembre 2025)
Lecturas: Gn 2, 18-24; 1 Co 13, 1-13; Jn 2, 1-11.
1.- El Señor nos da su Palabra para iluminar nuestras vidas. Habéis escogido unas lecturas bíblicas específicas para este sacramento del matrimonio. La primera, tomada del Génesis, explica lo que sucedió en el principio de la creación; es un relato etiológico, que intenta comprender lo sucedido.
El Génesis habla de la creación del mundo. Cuando Dios creó las cosas, los animales y todo lo demás y, finalmente, al varón, Dios le concedió dar nombre a todo (cf. Gn 2, 19-20); y eso significaba que le proporcionaba el dominio y el gobierno sobre todas las cosas.
2.- Pero Adán no encontró a nadie como él; no encontró una ayuda semejante hasta que el Señor creó a la mujer. Dios se dijo: «No es bueno que el hombre esté solo; voy a hacerle a alguien como él, que le ayude» (Gn 2, 18).
Lo de la costilla hay que entenderlo según la enseñanza de Génesis, no según nuestra cultura. Cuando el texto habla de costilla (cf. Gn 2, 22-23), no se refiere a un trocito de hueso de nuestras costillas; sino que en la mentalidad de hebraica «costilla» (tselem) significa la totalidad del ser humano; debemos imaginarnos un corte transversal de la persona, donde hay corazón, pulmón, nervios, huesos, arterias.
Con esa palabra se quiere decir que la mujer tiene la misma dignidad que el varón: Son iguales en dignidad, en naturaleza, en libertad, porque ambos han sido creados a imagen y semejanza de Dios (cf. Gn 1, 26); no así los demás animales.
Otra enseñanza es que el «ser humano» vive de dos formas distintas: como «varón» o como «hembra»; ambos de igual dignidad y semejantes al Señor, su creador. Esta es la gran verdad que celebramos en el matrimonio.
3.- La carta a los Corintios es un bellísimo texto sobre el Amor: «El amor es paciente, es benigno; el amor no tiene envidia, no presume, no se engríe; no es indecoroso ni egoísta; no se irrita; no lleva cuentas del mal; no se alegra de la injusticia, sino que goza con la verdad. Todo lo excusa, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. El amor no pasa nunca» (1 Co 13, 4-8).
Las cosas de este mundo terminan, pero hay otras realidades que se mantienen hasta la eternidad. La inteligencia, las facultades artísticas, la profecía, los bienes materiales, etc. acaban al final de la vida temporal.
4.- Nosotros recibimos en el Bautismo las tres virtudes teologales, que nos ponen en sintonía con Dios: fe, esperanza y caridad. La fe y la esperanza quedan para este mundo; solo permanece la caridad hasta la eternidad, como dice san Pablo: «En una palabra, quedan estas tres: la fe, la esperanza y el amor. La más grande es el amor» (1 Co 13, 13).
Es importante lo de la sintonía con Dios. Cuando queremos escuchar una radio o ver una televisión hay que sintonizar; de lo contrario, no podemos escuchar o ver. Lo mismo sucede con Dios; es necesario sintonizar con él. Si no escuchamos su Palabra, o no entendemos su lenguaje, no es posible comprender lo que dice. La Palabra de Dios hay que conocerla y asimilarla, para mantener la sintonía con Dios.
5.- Celebrar el sacramento del matrimonio como católicos es estar en sintonía con Dios. ¡Enhorabuena, porque estáis celebrando vuestro matrimonio desde esta sintonía con el «Amor»! Os invito a decir una palabra equivalente al «amor», después de haber escuchado el texto de san Pablo sobre el amor. Podemos decir la palabra «donación», «entrega».
Quien desee descubrir qué es el amor que relea el texto de san Pablo. Y el Amor eterno es Dios. Amar es donarse, entregarse, darse; no solo dar cosas, sino la propia persona; se trata de mirar al otro para hacerle feliz.
En el matrimonio os entregáis el uno al otro por amor. Sin embargo, en nuestra sociedad se ha adulterado la palabra «amor», que expresa tomar al otro manipulándolo para el propio capricho y goce; y eso se llama «egoísmo».
Vosotros, queridos Beatriz y Mario, queréis consagrar vuestro matrimonio en Jesucristo, que es el rostro del amor de Dios-Trino (cf. Benedicto XVI, Spe salvi, 4; Jn 14, 9). Cristo nos ha revelado al Padre y al Espíritu Santo.
6.- Según nos cuenta el evangelista Juan, Cristo acudió a las Bodas de Caná de Galilea con sus discípulos y su madre (cf. Jn 2, 1-3); y santificó con su presencia esa boda. Pero él no pensaba actuar, porque no había empezado su vida pública.
Su Madre, al igual que suelen hacer las madres, estaba pendiente de todo; al faltar el vino le dice a Jesús: «No tienen vino. Jesús le dice: «Mujer, ¿qué tengo yo que ver contigo? Todavía no ha llegado mi hora» (Jn 2, 3-4).
Si se acaba el vino en una fiesta, se acaba la fiesta. Por eso su madre dice a los sirvientes: «Haced lo que él os diga» (Jn 2, 5). Y Jesús convirtió el agua de unas grandes tinajas en vino sabroso (cf. Jn 2, 9-10).
7.- Veamos la enseñanza de este signo o milagro de la conversión del agua en vino. El agua natural es incolora e insípida; así es también el agua de nuestra vida, cuando no tiene sentido ni verdad.
Sin embargo, cuando entra el amor, la vida insípida cobra sentido y valor; porque el amor transforma la vida. Cuando entra el amor en nuestra vida, es decir, cuando entra Cristo cambia el sabor y el color. Según la Biblia, el vino alegra el corazón del ser humano (cf. Est 1, 10; Eclo 40, 20); hay que poner un poco de vino en vuestra vida; es decir, un poco de luz, de alegría y de sabor.
8.- Podemos también comparar el amor con el sol, que da luz, calor, posibilita la renovación de la naturaleza. Cuando el sol entra en la vida la transforma, adquiriendo un color que antes no tenía. Cuando entra el sol en este precioso templo de los Santos Mártires lo ilumina y aparece todo su esplendor.
Os felicito de nuevo, queridos Beatriz y Mario, porque celebráis vuestro matrimonio a la luz del sol, que es Cristo; el sol que nunca se pone; que nace en oriente y se pone en occidente, pero nunca se pone en el mundo, ni en la iglesia, ni en el corazón de los hombres. Cristo es el sol que nace de lo alto y todo lo ilumina, dando a nuestra vida otro color y otro sabor.
Podemos decir que el vino y la luz ponen un poco de «chispa» en la vida. Pedimos al Señor que él sea la chispa en vuestra vida matrimonial; la chispa del amor de Dios, la luz del sol que ilumina nuestros corazones. Pedimos para que vuestro amor se alimente y viva del amor de Dios, que es la fuente. Amén.
