El periodista del Obispado de Málaga Antonio Moreno invita a profundizar en el evangelio de hoy, 10 de junio, (Mt 5, 13-16).
El plato más exquisito, con los ingredientes más exclusivos, pasa a ser un alimento ordinario, incluso despreciable, si le falta la sal. El diamante más puro o la escultura más bella de la tierra son solo piedras corrientes sin una luz que nos permita ver su brillo y su forma. La luz y la sal son actores secundarios, más aún, de reparto; pero su papel es absolutamente imprescindible para el resultado final de la obra. A los cristianos nos toca ser el ingrediente más humilde pero más precioso. Hemos sido enviados a disolvernos como la sal, a consumirnos como el aceite de la lámpara, para salar y colorear el mundo y que la creación entera dé gloria a nuestro Padre que está en el cielo.
