El referéndum de Escocia se celebra este jueves 18 de septiembre

No sé si el Nacionalismo camina al revés de la historia o es consecuencia de la propia Historia. Quiero decir de la velocidad histórica contemporánea.

En cualquier caso, es bastante evidente que el fenómeno viene dado por la soledad y el desarraigo; el mundo, pese a su progresivo empequeñecimiento, es demasiado grande para calentar  al ser humano en el aliento de la intimidad.

Nos pasa algo semejante a la ansiedad que experimentan los alpinistas en la cumbre de las montañas; la enormidad del abismo produce desasosiego. Lo llaman agorafobia. Hemos caminado mucho muy deprisa, nos creímos dioses en la petulante indiferencia de una nueva sociedad superadora de tabúes ancestrales; estamos cansados de la carrera y sentimos la llamada del saludo en  la plaza, de la confortable pérdida de tiempo en una inútil conversación.

Es curioso, cuando algunos encuestadores preguntaban a los catalanes el por qué de sus deseos independentistas no tenían respuesta. Algunos manifestaban la existencia de  sentimientos profundos, identificativos… Es el calor de la tribu, del grupo pequeño, abarcable; sentimiento profundo.  Pero los sentimientos son imprecisos; no se apoyan en la razón  sino en alguna parte del alma, de los recuerdos, de… ¡vaya usted a saber!

Lo mismo ocurre con  el independentismo escocés. Sentimientos ¿Cuáles sentimiento? ¡vaya usted a saber! Late una vacío general, una vivencia de orfandad y desarraigo. Este occidente nuestro, hijo de la Revolución Francesa y de la Ilustración camina deprisa y con pies de barro. Esta cultura carece de gimnasios espirituales y centra su atención en la volatilidad de lo inmediato.

Con los gastos de la Diada y los de la consulta próxima en Escocia habría para aminorar muchos llantos subsaharianos. Pero, claro, no es lo mismo un dios jadeante, a punto de tirar la toalla, que un negrito tembloroso en cualquier recodo fronterizo de occidente. Los negritos no sienten agorafobia. Solo hambre. Abandonan su patria y les importa un pimiento el color de su bandera. ¡Hay que ver!

San Agustín dice “Nos hiciste, Señor, para Tí, y nuestro corazón está inquieto hasta que descansa en Ti” . Seguro que si analizáramos, descubriremos la veracidad del pensamiento de Agustín en los entresijos del corazón humano. Quizá. ¡Por mucho que tire una vadera!