La reorganización con nuevas formas y flamante  liderazgo del PSOE, así como el inesperado triunfo hace varios meses de un grupo de difícil catalogación política - “Podemos”- ha traído a la actualidad, de forma invasiva, todo el catálogo nominativo tradicional y manoseado de la política: “izquierda” “derecha”, “conservador” , “progresista”… etc. Es evidente que nunca se habían ido del todo, pero, ya digo, la invasión, en este caso, ha sido masiva, desacostumbrada para los tiempos de frialdad intelectual  que corren.  ¡Ah! también han vuelto a revivir los agresivos conceptos del  nacionalismo patriótico fomentados en gran parte por la autoinculpación de Pujol

La verdad es que todos ellos, juntos o separados, tienen muy poco que decir a los hombres y mujeres de esta época. La sociedad actual  se mueve por planteamientos ideológicos inciertos y, en todo caso, ajenos a los que inspiraron esas denominaciones en el ya viejísimo siglo XIX. Como han dicho algunos pensadores, nuestro tiempo no vive una época de cambios sino un auténtico cambio de época. Por eso, las  doctrinas y formulaciones que dieron vida a esas etiquetas carecen de vigencia, son como fantasmas de puro recueros; o sea, tienen una vigencia puramente nominal porque aún no han surgido ideas e ideales que las sustituyan. Vivimos una vaciedad  generalizada cruzada por un individualismo feroz.

A lo largo del siglo XX hemos ensayado todos los inventos  socio políticos que quisieron trasformar al ser humano; convertirlo en “fraterno y benéfico”.  Hoy la especie humana convive a duras penas entre los esqueletos de viejos tópicos mientras unas veinte familias se reparten casi la mitad de las riquezas totales de la tierra, nadie es capaz de frenar definitivamente la violencia, miles de niños mueren de hambre… Las ideologías que hemos arrastrado durante casi dos siglos, todas ellas autoproclamadas “redentoras”, no muestran más que sus nombres; solo queda eso.

El mundo occidental desde donde partió el primer mensaje civilizador del Evangelio es hoy una oquedad sin horizonte. Está enfermo. Vive en la inercia del día a día. Tiene sed de Dios pero lo ignora. Vive ajeno a los principios que le dieron vida, la misma Vida que, enraizada en sus mismas entrañas culturales llevó al universo.

Los pueblos, como los individuos, pasan por momentos de oscuridad. Éste es uno de ellos. Jesús es el único Redentor, no el cúmulo de esqueletos  que intentaron inútilmente encarrilarnos a la felicidad.