Lectura (Lectio)
Me preparo para acercarme al texto del evangelio de este domingo, haciendo silencio interior y exterior. Procuro evitar la dispersión y las prisas. Leo con atención y una actitud de escucha y acogida de la Palabra de Dios.
Meditación (meditatio)
Con el evangelio de hoy termina el discurso de las parábolas de Mt 13. Este pasaje recoge tres parábolas (vv. 44-48), una breve explicación (vv. 49-50) y, finalmente, hay una conclusión de todo el discurso que se nos ha proclamado en estos tres últimos domingos (vv. 51-52). Me fijo sucesivamente en cada una de las partes del texto. Las dos primeras parábolas, que sólo recoge el evangelio de Mateo, ponen el acento en la reacción de dos personas que han encontrado algo verdaderamente valioso, ante lo que han reaccionado inmediatamente y sin dudar. El primero, podría tratarse de un trabajador por cuenta ajena, descubre casi por casualidad algo valioso y el hallazgo le produce una inmensa alegría; no quiere compartir el tesoro con el dueño del campo y decide vender todo y adquirir el terreno. Similar es la actitud del mercader de perlas: vende todo lo que tiene para comprar ésa que ha encontrado de gran valor. Igual ocurre con el reino de los cielos. Jesús invita a tomar postura ante esta realidad misteriosa y de enorme valor, y a no dudar de que ningún precio es demasiado alto. La tercera parábola está tomada del mundo de la pesca, de la vida diaria del mar de Galilea, tan conocida por Jesús y sus discípulos: una red que recoge toda clase de peces, pero al final sólo se seleccionarán los buenos. La explicación que se da en los vv. 49-50 desvía la atención inicial del relato y lo centra en el juicio al final de los tiempos. Hay que dejar el juicio definitivo al Hijo del hombre. Los versículos 51-52 contienen una pregunta final y una conclusión dirigidas a los discípulos, ellos que conocen el misterio del Reino; se resume aquí la intención de todo el capítulo y se presenta el modelo ideal del discípulo. éste es el que comprende la novedad y el valor del Reino que anuncia Jesús. Todos los discípulos han de actualizar este tesoro en medio de la comunidad cristiana.
Oración (oratio)
Puesto a la escucha y con un corazón orante abierto a la presencia del Señor que de nuevo me habla, me pregunto: ¿Es la fe para mí un tesoro escondido o una perla de gran valor? ¿Por qué?
Contemplación (contemplatio)
Desde el silencio contemplativo, voy descubriendo qué me pide vender hoy el gozoso descubrimiento de la fe. Me dejo envolver por el misterio amoroso de Dios.
Compromiso (actio)
¿Cómo puedo hacer novedoso el mensaje del Evangelio en mi entorno?
