Alegría, sencillez y fidelidad. Son los tres rasgos que, como bien recordó el padre Antonio Sosa en su homilía de la misa funeral por don Alfonso Rosales el pasado domingo, en la parroquia de la Divina Pastora, marcaron el ejercicio del sacerdocio de este hombre bueno que, con su cercanía, su sonrisa y su permanente dedicación a los demás, ponía ante sus parroquianos un magnífico ejemplo de cómo ser fieles al espíritu del Evangelio.