Antonio Collado, vicario de la Promoción de la Fe y párroco de San Juan Bautista de Málaga, nos ofrece la Lectio Divina con el Evangelio del domingo, 24º del Tiempo Ordinario, fiesta de la Exaltación de la Cruz.
Lectura (Lectio) El pasaje de Juan que hoy nos propone la liturgia forma parte de la entrevista nocturna entre Jesús y Nicodemo, que nació en un ambiente de diálogo e intimidad. Procuro acercarme a él con esas mismas inquietudes que tenía este maestro de la Ley. Leo con atención el texto.
Meditación (Meditatio) A través de este diálogo, Jesús trata de hacer entender a Nicodemo que él es mucho más que un maestro o un taumaturgo que hace milagros. Es el Hijo que revela lo que ha visto junto al Padre. Hay que creer en él como condición para entrar en el Reino de Dios. Aludiendo al episodio relatado en Nm 21,4-9; se presenta la crucifixión de Jesús, humanamente escandalosa, como exaltación pascual y fuente de vida eterna. Por tanto es necesario para entrar en el Reino de Dios descubrir y aceptar este anonadamiento de Jesús como el camino para llegar a la exaltación y la plenitud de la vida que se nos regala por la fe y el bautismo. Hay una afirmación sorprendente (v.16), de hecho, es la única vez que el evangelista utiliza el verbo “amar” para hablar de la relación entre Dios y el mundo. Queda claro que la iniciática de la salvación parte del Padre, que su motivación no es otra sino el amor que siente hacia la humanidad entera y que la finalidad de su actuación es salvar, nunca condenar. Para realizar ese proyecto a favor del género humano da lo mejor que tiene, a su Hijo único, de modo que el mundo se salve por medio de él. Se descubre así el sentido más profundo de la misión de Jesús. Su entrega total hasta la muerte no fue el resultado de una fatalidad o de la traición de Judas, ni siquiera de una decisión personal suya. Es el Padre quien lo ha enviado como don. ¿De dónde viene entonces la posibilidad de la condenación? Dios no desea condenar a nadie, pero hay que dejarse salvar por él. Su oferta de vida eterna está siempre abierta y puede ser acogida o rechazada. La posible condenación es, por tanto, fruto de la decisión libre y personal de cada uno.
Oración (Oratio) Solo en la oración íntima y en diálogo con el Señor puedo ir descubriendo el misterio de la cruz, fracaso humano pero que desde la fe se transforma en fuente de vida eterna. Pongo ante él la cruces de mi existencia para que se transformen en estandarte de vida eterna.
Contemplación (Contemplatio) Contemplo desde el silencio y la adoración este versículo “Dios envío a su Hijo al mundo ... para salvarlo” y doy gracias y me siento acogido y envuelto en este misterio de amor.
Compromiso (Actio) ¿Qué puedo aprender de ese modo de actuar de Dios? ¿A qué me compromete como creyente?
