Homilía de Mons. Jesús Catalá, durante la Eucaristía con motivo del Jubileo del voluntariado de la Casa Sagrado Corazón-Cotolengo
JUBILEO DEL VOLUNTARIADO DE LA CASA SAGRADO CORAZÓN
(Cottolengo-Málaga, 21 enero 2025)
Lecturas: Heb 6, 10-20; Sal 110, 1-5.9-10; Mc 2, 23-28.
(Tiempo Ordinario II - Martes)
1.- La esperanza, ancla segura y firme
Queridos hermanos, las lecturas de hoy vienen como anillo al dedo, tanto por el tema del Jubileo como por la Casa, nominada como lugar jubilar, como ya sabéis.
Estamos celebrando el Jubileo de la esperanza, peregrinos de esperanza; y la Carta a los Hebreos nos habla de la esperanza porque dice: «Dios no es injusto como para olvidarse de vuestro trabajo y del amor que le habéis demostrado sirviendo a los santos» (Heb 6, 10).
El voluntariado, las hermanas, las personas que estáis aquí, estáis sirviendo a los santos, y eso Dios lo tiene en cuenta. Creo que en este Jubileo es un regalo el que hayamos convertido esta Casa en templo jubilar, porque va a ser gracia tras gracia.
Continúa diciendo la carta a Hebreos: «Deseamos que cada uno de vosotros demuestre el mismo empeño hasta el final, para que se cumpla vuestra esperanza» (Heb 6, 11). Nos anima a perseverar en lo que estamos haciendo, en aquello a lo que el Señor nos ha llamado, en la misión que nos ha encomendado. Aquí sois un buen grupo los que lleváis ya mucho tiempo perseverando en esta misión de estar más cerca de los más pobres.
Y añade: «Cobremos ánimos y fuerza los que buscamos refugio en él, aferrándonos a la esperanza que tenemos delante» (Heb 6, 18). Hay que aferrarse, hay que cogerse a la esperanza teologal.
La carta ofrece una imagen preciosa refiriéndose a la esperanza: «La cual es para nosotros como ancla del alma, segura y firme» (Heb 6, 19). Ancla del alma segura y firme; fijaros qué imagen más bella. Somos como pequeños barcos, pequeñas barquichuelas. Para que las olas del mar no nos tumben, no nos hundan, no nos arrastren a otros lugares diversos u opuestos a nuestro destino, el barco echa el ancla. Y el ancla le asegura la firmeza, mantenerse donde está, no hundirse, no desorientarse. A esa esperanza es a la que el Señor nos llama; que, aunque seamos barcos sacudidos por las olas, como lo es la Iglesia, aferrados a la fe, a la esperanza y el amor, las tres virtudes teologales, mantengamos firme nuestro propósito, nuestro ministerio, nuestra misión y aquello que el Señor nos confía. Por tanto, gracias, enhorabuena y adelante.
2.- El sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado
El evangelio de Marcos nos muestra cómo el Señor atravesaba un sembrado con sus discípulos; y éstos iban arrancando espigas (cf. Mc 2, 23)
Los fariseos, siempre críticos con el Señor y con las enseñanzas suyas, le preguntan: «Mira, ¿por qué hacen en sábado lo que no está permitido?» (Mc 2, 24). Les estás permitiendo a tus discípulos hacer cosas que no se deben hacer en sábado. Y Jesús le responde: «¿No habéis leído nunca lo que hizo David, cuando él y sus hombres se vieron faltos y con hambre; cómo entró en la casa de Dios, en tiempo del sumo sacerdote Abiatar, comió de los panes de la proposición, que solo está permitido comer a los sacerdotes, y se los dio también a quienes estaban con él?» (Mc 2, 25-26). Porque «el sábado se hizo para el hombre y no el hombre para el sábado» (Mc 2, 27). La persona está antes que la ley.
Esta Casa es un ejemplo de que el centro del trabajo, el centro de la atención, el centro del cuidado es la persona. Según las leyes humanas estas personas no tienen derecho a nada, no pueden estar en una institución de acogida, no tienen derecho a sanidad, no tienen derecho a medicinas, no tienen derecho a tener una casa o un techo, no tiene derecho a nada. Eso dicen las leyes, porque no tienen papeles, porque no saben ni cómo se llaman, por muchas cosas.
Y, sin embargo, estáis cumpliendo y estamos cumpliendo el deseo del Señor. La persona debe anteponerse a todo, incluso prescindiendo de las leyes. Las leyes humanas dicen eso; pero esas leyes no tienen en cuenta a la persona. Las leyes permiten matar, aplicando –aunque la palabra sea bonita– la “eutanasia” a un anciano que no sirve; pero la actitud nuestra es de respeto a la vida; también la del no nacido. Las leyes permiten atrocidades e injusticias contra el ser humano. Y nosotros lo que hacemos es cuidar al ser humano a pesar de esas leyes. ¡Enhorabuena! La persona está por encima del sábado.
3.- El Jubileo de la esperanza
Estamos celebrando solemnemente esta eucaristía jubilar. Deseo agradecer a todo el personal de la Casa, las hermanas, el voluntariado, sacerdotes de los Sagrados Corazones que están ejerciendo de capellanes, todo el personal, miembros del Patronato, todos, esta colaboración en equipo. Porque esto es un trabajo de familia y un trabajo en equipo; esto no lo puede hacer una persona sola. Aquí somos una gran familia; hay quienes tienen más responsabilidades o más directas, o más inmediatas, y los que venís a colaborar de manera generosa y caritativa.
El Señor nos ha regalado en este Tiempo Jubilar, la Casa del Sagrado Corazón, esta iglesia, esta capilla, como lugar jubilar, donde poder lucrar la indulgencia plenaria en todo el Jubileo del 2025. Deseamos, pues, que sea un Jubileo fecundo y gozoso.
Les decía antes a los sacerdotes que, como van a celebrar aquí todos los días, van a salir más santos de este Año Jubilar con tanta gracia, tanta misericordia, tanto perdón y tanto amor del Señor.
Pues lo mismo os digo a vosotros: siempre que celebréis aquí o vengáis, aunque no haya misa, en plan de vivir la indulgencia, pidiendo por el Papa, rezando el Credo, profesando la fe, vais a lucrar la indulgencia plenaria.
Ahora, si me permitís y estáis de acuerdo, os voy a hacer una propuesta. El Año Jubilar pide conversión y, por tanto, es también penitencial, porque hay que pedir perdón de los pecados, hay que confesarse, y también se nos pide una limosna penitencial.
Las diócesis españolas aportaremos a la Conferencia Episcopal lo que vayamos recogiendo para hacer una serie de proyectos en el ámbito nacional. En este Año Jubilar no vamos a hacer un proyecto diocesano, como hemos hecho otras veces. En los distintos años jubilares se han hecho varias obras caritativas y de acogida.
Hemos pedido a las parroquias que, con motivo del Jubileo se haga una celebración penitencial para confesarse; y, al mismo tiempo, se realice una colecta. El día en que dicha parroquia haga su jubileo, peregrinará desde una parroquia de la ciudad (Santos Mártires, Santiago Apóstol) a la Catedral; y ese día no hace falta hacer la colecta, porque se habrá hecho previamente en la parroquia de origen.
Como esta Casa del Sagrado Corazón es muy especial, podríamos pedir a las parroquias o grupos que vengan, que hagan una colecta penitencial-jubilar para destinarla a esta Casa, donde están los más necesitados. Si estáis de acuerdo, podemos poner en marcha esta sugerencia.
Terminamos pidiéndole a la Santísima Virgen María su protección maternal y su intercesión de modo especial por todas las personas que viven, trabajan, colaboran o pasan por esta Casa.
A todos, ¡feliz Año Jubilar! Y eso podemos deseárnoslo cuando nos saludemos, cuando hagamos un acto jubilar o en la peregrinación, felicitarnos mutuamente. Al igual que decimos durante los domingos: ¡Feliz domingo! estaría bien que nos felicitáramos diciendo: ¡Feliz Año Jubilar! Así que os repito: ¡Feliz Año Jubilar!
