Parece que fue ayer, pero sucedió el 25 de enero de 2012

Aquél día inicié mi andadura como colaborador de la Revista Diócesis a instancias de mi buena amiga y compañera de oficio Ana María Medina. Me encargó una columna semanal sobre el tema de los mayores y su vivencia cristiana o, cuando menos, cultural.

A lo largo de estos siete años, sin faltar ni un solo jueves, he ido enviando una panorámica de lo que, a lo largo de la semana, había percibido por mis sentidos del colectivo al que denominé “segmento de plata” –un apelativo cariñoso inventado por mí que retrata a aquellos que, pese a no estar en activo laboralmente, seguimos “dando el callo” en la medida de nuestras fuerzas-. 

Mal que bien, a lo largo de más de 360 “segmentos”, he intentado reflejar mi vida y transmitir mis sentimientos. Más de cincuenta lectores (media de lectores que han accedido a cada uno de ellos) han compartido conmigo mis experiencias religiosas, familiares, como voluntario y como periodista joven en el tiempo y viejo en la edad.

A partir de ahora desaparecen los blogs de estas páginas, pero como ya le he cogido gustillo al tema, aquellos que quieran seguir participando de los mismos lo pueden hacer en mi página de Facebook   o en mi blog “periodista a los sesenta”.
Quiero terminar estas letras agradeciendo su colaboración a todos los compañeros de los Medios de Comunicación de la Iglesia de Málaga. Me han atendido siempre con cariño y comprensión. No me han puesto trabas a ninguna de mis opiniones y han facilitado mi comunicación con los lectores de “Diócesis”.  
Finalmente quiero reconocer la atención de cuantos han tenido la paciencia de leer estos modestos escritos, nacidos de la buena voluntad y el deseo de hacer un poco más cercana la maravilla del Evangelio. Un abrazo para todos.