Hay veces que se plantea uno la pregunta: ¿Sirve esto para algo?
En ocasiones se siente uno como un “bicho raro”. Totalmente desubicado. Hasta el punto de caer en la tentación de dejarlo todo y dedicarse al “dolce far niente” (expresión que dice el diccionario que significa: Expresión italiana que significa “ociosidad que resulta agradable”.
Escribir durante años una opinión sobre la importancia de pertenecer al “segmento de plata” y el jugo que se le puede sacar al mismo, termina por cansar las agotadas meninges y decidir tirar por la calle de en medio. Uno se plantea si las reflexiones personales -transmitidas a tus amigos y lectores, por si les sirven- son dignas de estar recogidas en alguna publicación.
Cada día –y con toda razón- se manifiestan los jubilados para solicitar la adaptación de sus pensiones a las necesidades básicas del siglo XXl, cuando se ha producido el hecho, totalmente desproporcionado, de que la administración se basa en una cotización en pesetas para devolver una prestación en euros. Como mínimo el euro ha tomado el lugar de las 100 pesetas. Una pérdida de casi el 70%.
A mí me pasa lo mismo. Voy a seguir erre sobre erre –mientras me lo permitan- haciendo pensar a los mayores que me rodean que son útiles y capaces de rendir mucho más a la sociedad. Días pasados se lo explicaba así a los asistentes a la reunión anual de los miembros de Vida Ascendente de Andalucía y Murcia. Con mis torpes palabras intentaba animarlos a aprovechar su tiempo y su capacidad. Me miraban con aprobación. Lo que no se, es si después, pondrán en marcha su labor en la Iglesia, en la familia y en la sociedad en general, que por otra parte es imprescindible.
Bueno, creo que me he desahogado. Seguiré contando mis elucubraciones por si le sirven a alguien. Con vergüenza, vayan a crearse que quiero ser maestro de nada. Tan solo intento que lo hagan mejor que yo.
