Para muchos la cuaresma es el tiempo que transcurre entre el Carnaval y la Semana Santa.
Un espacio lleno de triduos, imposición de medallas, bendición de diversos ornamentos, proclamación de pregones de todo tipo, carreras a casa de los orfebres y tallistas, preparación de túnicas y limpieza de enseres varios. Pienso que la Cuaresma es algo más.
El Papa Francisco nos ha enviado un mensaje con motivo de la Cuaresma del 2018. En el mismo nos pone en lenguaje de nuestro tiempo el evangelio de San Mateo que se lee el 14 de febrero. Como todas las recomendaciones de este bendito hombre, el escrito no tiene desperdicio.
Nos advierte la presencia de los falsos profetas de ahora; los mismos de siempre: dinero, poder y prestigio. Les llama “encantadores de serpientes”. A veces, desde el escándalo que nos producen aquellos que no hacen lo que dicen y no dicen lo que hacen.
Nos da tres caminos a seguir en la cuaresma: la oración, la limosna y el ayuno. Oración basada en hablar menos con Dios y escucharle más. Limosna que no solo es dar, sino el darse; hacer al pobre parte de tu vida y compartir de lo que te falta, no de lo que te sobra. Con referencia al ayuno, creo que a veces se pone en práctica el auto-engaño; hace años se compraba una ¿bula? que te eximía de ciertas partes del ayuno. Hoy se ignora directamente. Yo el ayuno cuaresmal lo vivo a mi estilo. Con lo que me ahorro en alimentos innecesarios coopero con que los que no tienen lo imprescindible.
Termino con dos sentimientos; uno positivo y otro negativo. El positivo: un templo de un barrio malagueño lleno a rebosar de personas de todas las edades para celebrar el miércoles de ceniza. El negativo: La falta de coherencia y de respeto de algunos; se quedan con las hojas e ignoran el cogollo de la vida cristiana. Si no creen o no quieren creer, que no nos utilicen, que no jueguen con lo sagrado.
