Se suele decir que el que tiene algún problema, defecto o dificultad, es el último que se entera. Hace falta que se lo diga un montón de personas para que caiga en la cuenta.
Me he ido al diccionario de la RAE para poder definir con propiedad que o quién es un cascarrabias. Ha salido una foto mía y me he enterado; respondo a la siguiente definición: “persona que fácilmente se enoja, riñe o demuestra enfado”. Por otro lado descubro que se trata de un “quisquilloso, irritable, irascible, gruñón, susceptible, excitable, pulguillas, aguafiestas, avinagrado, gruñón y malhumorado”.
Vaya tela. Me describe a la perfección. Y yo antes no era así. ¡Estoy hecho un cascarrabias! ¿Dónde se cura uno de esto? Pues como todas las “enfermedades”. En primer lugar reconocer que se padece el “síndrome del cascarrabias”. Es el primer paso para “mejorar”.
Si no lo reconoces, te cabreas y, encima, aumentas tu “enfermedad”. He pasado por esta crisis. Finalmente me he rendido a la evidencia; soy un cascarrabias. Internet habla de la enfermedad, pero no dice nada del tratamiento. Por eso, he recurrido a la medicina natural; paciencia, comprensión, ajo y agua. No hay otro. Recordar cuando todo nos parecía bien y lo felices que éramos y nos sentíamos.
Por todo esto, apelo a los miembros del “segmento de plata” que, supongo, están incursos en el mismo problema que yo. Primero: reconocer nuestro problema y segundo: ponerle un poco de buena voluntad. Seguiremos informando.
