De vez en cuando nos encontramos en la encrucijada ante la pregunta ¿qué hacer?

 

La respuesta se encuentra recogida en la frase de San Mateo (6-25) que nos indica explícitamente que cada día tiene su afán. Es decir, que tenemos que estar atentos a lo que sucede a nuestro alrededor porque, en cada momento, el Espíritu nos irá diciendo claramente lo que tenemos que hacer.

Si vamos mirando con atención lo que se encuentra a nuestro alrededor, sin prejuicios ni itinerarios marcados, llegaremos a lo que comentaba el hoy denostado José María Pemán en el Divino Impaciente: “La virtud más evidente, es hacer sencillamente, lo que tenemos que hacer”.

Cuando acaba el verano y tenemos que volver a la rutina habitual nos encontramos un poco desubicados. Basta con ponerse al “loro” y observar en que podemos ser útiles. Sin darte cuenta, de pronto, te encontraras de nuevo con la vida llena de proyectos, realizaciones y necesidades.

Entonces procede a actuar como me indica mi esposa cuando me ve agobiado: “una cosa detrás de otra”. De pronto descubres que se puede actuar sin agobios. Sin prisa… pero sin pausa. Os puedo decir que, aunque he renunciado a algunas cosas, mi vida, inmediatamente,

se ha vuelto a ocupar de una manera efectiva y creo que eficaz. Espero que así sea. Y estaré atento, porque “cada día tiene su afán”.