En el Nuevo Testamento se recogen las diferencias de criterio que mantenían los primeros cristianos en función del seguimiento de uno u otro apóstol. Por eso coexistían los seguidores de Pedro y los de Pablo.
La situación no ha cambiado mucho desde entonces. Parece ser que es más fácil seguir los criterios de los exégetas del Evangelio que las propias enseñanzas de Jesús. Esto ha traído como consecuencia herejías, concilios, separaciones, rupturas y hasta guerras.
Las personas de a pie, las gentes sencillas, aquellas preferidas por Jesús, se enfrentan a las distintas actitudes como si de un partido de tenis se tratara. Unas veces nos hacen mirar hacia un lado y otras hacia el contrario. En algunas ocasiones tenemos que ser conservadores y en otras, retrógrados.
No le arriendo la ganancia al Papa Francisco cuando tiene que enfrentarse a personas cualificadas que se plantean si la Eucaristía ha de realizarse mirando hacia oriente o hacia occidente. Si hay que seguir hablando de Misericordia o hablar más de infierno y condenación.
De verdad que nos van a volver locos. A uno, que está medianamente formado, hay veces que lo escandalizan. Ciegos y guías de ciegos. Menos mal que al final la verdad resplandece en el fondo de tu corazón. El Evangelio no engaña.
