He vuelto a recordar esta imagen; un grupo de niños rodeando a uno de ellos que con los ojos tapados intentaban dar con un palo a un cacharro de barro o de cartón, lleno de caramelos y colgado de un árbol. Todos esperaban su turno.

Algo así me parece que está sucediendo con las personas corrientes que andamos por este mundo en esta época. Nos tienen reunidos para celebrar o contemplar algo dentro de un espacio en forma de piñata y cuando mejor estamos… aparece un tipo con un palo que nos desparrama por los suelos. Palos de ciego. Palos que no sabemos de donde vienen y quien los esgrime. Palos sin destino fijo, pero que desloman a nuestra sociedad.

Nueva York, Madrid, París, Bruselas, Niza, Marruecos o La India. Tiros, bombazos, atropellos, raptos, violaciones, etc. Todo ello alrededor de momentos en que la multitud está celebrando algo.

En España hay otro pim-pam-pum, otra piñata. Se trata de machacar al político que detenta el poder en cada momento. El grupo de “niños” que rodea al “elegido” como victima, es rodeado por los demás a fin de romperle los huesos a base de descalificaciones e insultos.

Yo entendía que la democracia consistía en delegar el poder en aquellos que han ganado las elecciones y exigirles que pongan en valor el programa con el que han convencido a la mayoría de los votantes. Parece ser que no. Todo consiste en buscarles las vueltas y no dejarles de gobernar. Encima la mar está revuelta. Ya ha pasado el rebalaje la Reina de los Mares. Ya ha visitado todas las playas de nuestra Andalucía. A Ella recurro para pedirle que las aguas vuelvan a su cauce. Que las únicas piñatas que veamos estén llenas de papelillos y de caramelos; no de sangre, muerte y mala leche como vienen ahora.