El pasado domingo asistía a la celebración de la misa dominical y escuché, no oí, un fragmento de la segunda lectura que se me quedó grabado en la mente. Relata lo siguiente: Hechos 10-37,38 “Vosotros sabéis lo sucedido en toda Judea, comenzando por Galilea, después que Juan predicó el bautismo; cómo Dios a Jesús de Nazaret le ungió con el Espíritu Santo y con poder, y cómo él pasó haciendo el bien”.

A partir de ese momento dicha frase ha martilleado en mi pensamiento y me ha hecho reflexionar a fondo. Y como en estos escritos se pretende transmitir sensaciones y sentimientos, no dudo en recogerlos a continuación.

La aparición en escena de la Santísima Trinidad queda referida en el envío del Espíritu por el Padre a Jesús de Nazaret. Lo siguiente es el resultado de dicho envío: pasó haciendo el bien.

Mira que es fácil. Seguir su ejemplo: pasar por el mundo haciendo el bien. Y como lo complicamos. Parafernalia, investigaciones teológicas, controversias, concilios, decretos y celebraciones, muchas celebraciones.

Pienso que debemos radicalizarnos. Volver a las raíces. Seguir el ejemplo de Jesús. Pasar por la vida haciendo el bien. Lo demás es “como campana que suena o címbalo que retiñe”.