El pasado día 31 de septiembre mi maestro José Luís Navas publicó en su blog, que se recoge en la página de Diócesis de Málaga, www.diocesismalaga.es, un extraordinario artículo, como todos los suyos, denominado “La moviola del tiempo”. Una vez más me hizo pensar en los ciclos de la humanidad que nos llevan a poner en práctica lo peor que tenemos las personas, tanto individual como colectivamente.
Sigo totalmente impactado por las noticias que nos llegan desde todas las fronteras y costas de Europa. No son más que un pálido reflejo de la realidad del drama que se está viviendo ante la proliferación de mafias que explotan a los refugiados, la colocación de vallas electrificadas y concertinas, así como la muerte de niños y mayores en busca de la “civilización”.
Cuando desde un poblado africano, un país en guerra, sometidos a la hambruna o una persecución por motivo de raza o religión, unos seres humanos, que piensan y razonan, pueden contemplar la atención que se le presta en nuestros medios al último fichaje del “atlético escalerillas”, a la separación y el último “romance” de “Paquirrín”, o a la colecta para comprar la enésima saya de la Virgen, inmediatamente los ojos se les ponen como platos y piensan que aquí atamos a los perros con collares de perlas.
Después la realidad es otra. El 90% de los deportistas tienen que comprarse hasta las camisetas, la gente vip son, en su mayoría un hatajo de vagos ignorantes que ejercen una especie de venta o alquiler de sus figuras y, finalmente, las prácticas religiosas casi siempre se quedan en lo externo sin ningún tipo de compromiso.
El resultado es lo que tenemos. Una sociedad pendiente de rellenar su vida de la parte lúdica de la misma, con el propósito de tener más que de ser. Asisto con vergüenza a los diversos programas basados en preguntas de cultura general y descubro la desinformación existente, especialmente en lo que respecta al cristianismo, raíz del pensamiento europeo y un ejemplo claro de cómo se puede salvar el mundo.
Pero no pierdo la esperanza. Hay muchos jóvenes que se siguen formando adecuadamente, padres de familia que se preocupan de transmitir ideas trascendentes a sus hijos, mayores que dedican su jubilación a servir a los demás y una Iglesia Católica encabezada por un hombre de nuestro tiempo, el Papa Francisco, lleno de Dios y de sentido común, que, si le dejan, va a ponerse al frente de una generación que tiene que resurgir de su decadencia.
Mientras tanto, las encuestas dicen que el problema más importante que sufren los jóvenes de esta generación es el quedarse sin batería en sus móviles. Cosas veredes.
