A principio de cada curso me sorprende la cantidad de actividades complementarias con las que se carga el horario vespertino de los escolares y estudiantes en general.
Los padres y abuelos realizan un maratón cada tarde para poder llevar a los niños a piano, baloncesto, danza, inglés, chino, ruso, catequesis, gimnasia, pintura, judo, papiroflexia, fútbol y demás actividades.
Pienso que queremos proyectar en nuestros descendientes las carencias con las que nos educamos en una etapa en la que, como mucho, asistíamos a clases de refuerzo de francés y matemáticas. El resto era jugar al fútbol en la “parcela” y al futbolín en los billares modernos o en los estanislaos.
La experiencia de muchos años y muchos hijos me hace ver que todo esta parafernalia no sirve para nada si no se complementa con una dedicación y acompañamiento personal y familiar. Los padres piensan que a los niños se les tiene que formar y educar a base de actividades impartidas por otros, que para eso las pagamos. La realidad es que tenemos que caer en la cuenta de que a los niños no los educamos, nos imitan.
Habréis observado que a medida que somos más mayores nos parecemos más a nuestros padres en nuestra forma de pensar, razonar y decidir; en la forma de hablar y comportarnos y hasta en los gestos y el aspecto físico. Es más, esto sucede hasta en los hijos adoptados. Es un mimetismo inconsciente y no deseado pero al final, aceptado y agradecido.
Por lo tanto tenemos que tener buen cuidado de conseguir que nuestros consejos coincidan con nuestros actos. No podemos pedirles que trabajen, ayuden en casa, no lleguen tarde, no sean jugadores, bebedores, mentirosos, violentos, murmuradores, etc., si nosotros lo somos o lo hacemos. No podemos esperar que sean generosos, desprendidos y solidarios… si nosotros no lo somos. Como nos portemos con nuestros mayores se portaran ellos en el futuro con nosotros. En una palabra: estamos modelando a nuestros hijos a nuestra imagen y semejanza.
Al final, cada año, de esto doy fe, nos suspenderán como padres en junio y en septiembre, pero procuraremos enmendarnos y progresar adecuadamente. Me ha salido una historia del abuelo cebolleta, pero de que abunda el corazón, habla la boca.
