La abdicación del Rey D. Juan Carlos I ha dado paso a la primera fila a su hijo Felipe. La primera consecuencia que esto traerá consigo será el cambio automático en la jerarquía. De hablar del hijo del rey como personaje secundario y del rey como protagonista principal, se pasará a trocar los papeles.

Esta situación, que ya hemos pasado muchos, de ser nombrados en primer lugar, a ser el padre de, cuesta trabajo asumirla; lo mismo que cuando te nombran como el marido de y dejas de ser aquello tan antiguo que te denominaba peyorativamente como el “hombre de la casa”.

La aceptación con naturalidad de este nuevo rol, de ese descenso a la segunda división de la vida; de tu paso al segundo término, se tiene que sustentar en un ejercicio de humildad que nos viene muy bien para bajarnos los humos a aquellos que hemos ido por el mundo con cierta pátina de prepotentes. Ya no estamos en la “champion league”. Ahora participamos en torneos de aficionados.

Espero que nuestro rey lo pueda hacer sin dificultades y espero que todos aquellos que, como yo, somos integrantes del “segmento de plata”, asumamos con alegría nuestro paso del oro a la plata, de la seda al percal. Se está muy bien y se es muy feliz. En el Evangelio tenemos dos ejemplos clarísimos: San José, que vemos con que dignidad pasa a un segundo plano en el Evangelio y María, la madre de Jesús, que sigue ahí hasta el final. Cerca pero en segundo plano.

Sirviendo, pero sin salir en la foto. De rey a caballo, o a sota, o a peón.