La Catedral de Málaga acogió el 23 de mayo, en la víspera de la Solemnidad de Pentecostés, el ya tradicional Adoremus organizado por la Acción Católica General en Málaga, y el domingo 24 la Misa de Pentecostés, con el signo y envío a todos los laicos, organizada por la Delegación de Apostolado Seglar y la ACG. Ambas presididas por el obispo D. José Antonio.

Mons. Satué: «El Espíritu nos impulsa a la unidad»
Adoremus de Pentecostés en la Catedral de Málaga E. LLAMAS

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Reflexión del Obispo de Málaga en el Adoremus de Pentecostés

Adoremus

Esta cita es «un momento muy especial y esperado en el que todos y todas nos encontramos, rezamos juntos y compartimos un tiempo de diálogo».

Feligreses y sacerdotes de diversas parroquias y realidades diocesanas, presididos por el obispo D. José Antonio, participaron en esta celebración de oración que contó un año más con la colaboración de un coro interparroquial que unió voces e instrumentos y con un creativo de grupo de jóvenes que puso al servicio sus dones artísticos para ayudar en la reflexión. 

«El Espíritu nos impulsa a la unidad»

El Adoremus se vertebró en tres momentos en los que se profundizaron en la unidad, la paz y el amor, sobre los que Mons. Satué ofreció una reflexión antes de la exposición del Santísimo. El Obispo invitó a reconocer, agradecer y pedir ante el Señor esos tres frutos del Espíritu: unidad, paz y amor. «Reconocer en qué momentos de nuestra vida Dios nos ha ayudado con su Espíritu a dejar nuestro camino solitario y a caminar juntos con otras personas» o también «cómo el Espíritu nos saca de nuestra comodidad para acercarnos a quienes más nos necesitan, a los necesitados de pan, de esperanza, de fe, de sentido para sus vidas», compartía el Obispo. 

Tras la oración del Santísimo y la bendición de D. José Antonio, los participantes se trasladaron la patio del Obispado para compartir un ágape y un tiempo de diálogo y convivencia. 

Misa en la Solemnidad

En la mañana de la Solemnidad de Pentecostés, el primer templo de la diócesis acogía a los miembros de los movimientos y asociaciones laicales de la diócesis, y a los feligreses de las parroquias que se acercaron a celebrar la Eucaristía. En esta ocasión, un coro de los Misioneros de la Esperanza entonaba los santos de la celebración en la que Pedro Gordillo (miembro de la Familia de San José) interpretó su versión de la Secuencia del Espíritu Santo. 

En su homilía, el obispo de la diócesis se dirigió de forma especial a todos los laicos y laicas de la diócesis en el día del Apostolado Seglar y la Acción Católica y les recordó que «el Espíritu Santo no está dormido. El Espíritu Santo está actuando, de la misma manera que actuaba en la vida de Jesucristo. El Espíritu Santo movió, inspiró y guió la vida de los primeros discípulos, en los comienzos de la Iglesia, y ese mismo Espíritu Santo está presente en nuestros corazones. Cuando le pedimos que siga activo, no se lo pedimos porque no quiera actuar sino porque, a través de la petición, a través de la oración, nos disponemos con un corazón más abierto para que ese espíritu siga trabajando, siga haciendo maravillas en nuestro favor, en favor del mundo entero, especialmente en favor de los que más sufren».

Por eso, continuaba Mons. Satué, «la primera tarea que los cristianos hacemos al celebrar esta fiesta de Pentecostés es abrir los ojos de par en par para reconocer en nosotros, en la Iglesia y en el corazón del mundo, la presencia del Espíritu».

Solemnidad de Pentecostés en la Catedral E. LLAMAS

Tras la celebración litúrgica, el Obispo bendijo el signo que la Delegación de Apostolado Seglar había preparado para este año: una bolsita de tierra (mezcla de tierra de diversos pueblos de la diócesis y de Melilla) con la que «recordamos nuestros orígenes y cómo en manos del Señor podemos recibir en nosotros la semilla de la Palabra que germina para la vida nueva, impulsada por el Espíritu Santo. Cada uno aportamos nuestro grano para construir la comunidad, un Pueblo de Dios que sale al encuentro».