Es Pascua de Resurrección. Se celebra que Jesús ha vuelto a la vida. Es tiempo clave para la fe cristiana. Si Cristo no hubiese resucitado la fe que millones de personas profesan no tendría sentido.

Cristo está vivo

Siguiendo a Cristo se cambia y mejora el sabor de la historia humana. De la mano de la esperanza y el  amor. Con inteligencia, valentía y perseverancia se puede  humanizar el mundo en que vivimos. El modo para alcanzarlo lo indicaba ya el profeta Isaías: "Suelta las cadenas injustas, parte tu pan con el hambriento. Cuando destierres de ti el gesto amenazador y la maledicencia, brillará tu luz en las tinieblas".  Una llama ligera que arde puede llegar a romper la pesada cubierta de la noche de tantos corazones.  La comunidad católica debe avivar en ella su amor hacia los pobres prestando su voz a los que no tienen voz.  De aquí que el encuentro con el pobre no pueda ser para los cristianos una mera anécdota. En su reacción y en su actitud se define su ser y también su futuro. Ignorando al pobre hambriento, desnudo, oprimido, explotado o despreciado es al mismo Cristo que se ha procesionado durante esta Semana Santa al que desatendemos y abandonamos.  Como señalan los obispos españoles sólo una Iglesia que se acerca a los pobres y a los oprimidos se pone a su lado y de su lado puede dar un testimonio coherente y convincente del mensaje.  Es Pascua de Resurrección.  Que brille, especialmente en los más pobres, la luz de la resurrección de Cristo. La fuerza del Espíritu. Cristo está vivo.