Santo Domingo Savio, la santidad no entiende de edades

Salesianos
Aunque su fiesta litúrgica se celebra el 6 de mayo, lo cierto es que cada 9 de marzo, la Iglesia recuerda el dies natalis (la fecha en la que subió al cielo) de santo Domingo Savio.
Al anochecer de aquel día de 1857, afectado de una grave crisis pulmonar, este quinceañero, pronunció sus últimas palabras: «¡Estoy viendo cosas maravillosas!».
Hijo de campesinos, Domingo quiso ser sacerdote desde muy niño. Su párroco lo presentó a san Juan Bosco, que buscaba jóvenes con vocación que le ayudaran en su labor junto a los niños abandonados de Turín. El fundador de los salesianos se quedó impresionado por la profunda fe del chico, admitiéndolo en el Oratorio de San Francisco de Sales de Turín a la edad de 12 años.
El Señor le concedió dones sobrenaturales como el conocimiento del futuro o de las necesidades de sus compañeros. Su profunda piedad hacía que perdiera la noción del tiempo ante el Santísimo, teniendo que obligarlo Don Bosco a salir de la iglesia y jugar como el resto de los niños.
ORACIÓN
Amado santo Domingo, tú entregaste tu corta vida totalmente por el amor a Jesús y su Madre. Ayuda hoy a la juventud para que se dé cuenta de la importancia de Dios en su vida.
Tú, que llegaste a ser santo a través de la participación fervorosa de los sacramentos, ilumina a padres y niños en la importancia de la frecuencia en la confesión y santa comunión.
Tú, que a una temprana edad meditaste en los sufrimientos de la Pasión de Nuestro Señor, obtén para nosotros la gracia de un ferviente deseo de sufrir por amor a Él.
Necesitamos desesperadamente tu intercesión para proteger a los niños de hoy de los engaños de este mundo. Vigila sobre ellos y condúceles por el camino estrecho hacia el cielo.
Pide a Dios que nos dé la gracia para santificar nuestras obligaciones diarias, llevándolas a cabo de manera perfecta por amor a Él. Y recuérdanos la necesidad de practicar la virtud, sobre todo en los tiempos de prueba y tribulación.
Santo Domingo Savio, tú que supiste preservar el corazón en la inocencia bautismal, ruega por nosostros.