Apertura de la Adoración Perpetua (Parroquia San Patricio-Málaga)

Homilía de Mons. Jesús Catalá con motivo de la apertura de la Adoración Perpetua en la Capilla del Carmen de la Parroquia de San Patricio en Málaga.
APERTURA DE LA ADORACIÓN PERPETUA
(Parroquia San Patricio-Málaga, 30 junio 2023)
Lecturas: Gn 17, 1.9-10.15-22; Sal 127, 1-5; Mt 8, 1-4.
1.- Con la presente celebración inauguramos una capilla de adoración eucarística perpetua en la ciudad de Málaga, como hemos escuchado en la monición de entrada. Desde hace años ya existen otras dos capillas: uno en Estepona y otro en Marbella. Hoy Málaga se vista de fiesta eucarística.
Quiero agradecer la presencia de los sacerdotes, al párroco que ha acogido esta celebración y a todos vosotros, queridos fieles. No esperaba tantos fieles, dado el tiempo tan caluroso que está haciendo. Gracias por vuestra presencia, por el tiempo que estáis dispuestos a dedicar para adorar al Señor en la Eucaristía; gracias por esta ilusión que hoy se realiza.
Las cosas de Dios tienen tiempos diferentes a los planes humanos. Algunos de los presentes sabéis que llevamos varios años dialogando sobre la capilla para la adoración eucarística perpetua en la ciudad de Málaga. Hemos tenido que sortear varias dificultades, hasta que el Señor nos regala hoy esta gracia. Adorando al Santísimo Sacramento y escuchándole se aprende a acoger los tiempos de Dios en nuestra vida.
2.- La Eucaristía entronca con la voluntad salvífica universal de Dios, que quiere que todos los hombres se salven, como dice el evangelista Juan: «Dios ha amado tanto al mundo, que le ha entregado a su Hijo, para que el mundo se salve por medio de él» (Jn 3, 16). Lo que importa es la salvación que Dios quiere regalarnos.
La encarnación del Hijo de Dios es el fruto del amor del Padre a los hombres; y Jesús se entregó por amor a nosotros en la cruz en oblación al Padre, que nos lo envía como regalo. En la entrega amorosa de Jesús al Padre y a los hombres nace el sacramento eucarístico.
En el diálogo con la samaritana Jesús le explica que lo importante no es el lugar concreto de adoración al Padre (ni Jerusalén ni Garizim), sino la forma de adoración en “Espíritu y verdad”. Esto es un poco enigmático; pero los adoradores debéis tener presente que hay que adorar a Dios en Espíritu y verdad; es decir, en Cristo, el Hijo de Dios, y en verdad, porque no se puede adorar al Padre prescindiendo de Cristo y del Espíritu Santo.
Con la llegada del Mesías se inauguró la “hora mesiánica” «en la que los verdaderos adoradores adorarán al Padre en Espíritu y Verdad» (Jn 4, 23). Esa es la gran novedad, que Jesus nos ofrece.
3.- La adoración eucarística es oración cristiana y debe reunir las connotaciones del verdadero culto a Dios; es decir, el culto en Espíritu y Verdad y la adhesión a la voluntad del Padre, tal como hizo Jesús, el Hijo obediente.
Lo que digamos de Jesús debemos aplicarlo a nosotros: oración y obediencia al Padre. No hay oración ni adoración cristianas posibles, si no se realizan «en el Espíritu Santo» y en profunda e íntima comunión con Cristo Jesús, en quien radica toda su dignidad.
El culto de adoración al Señor presente en el signo del Pan eucarístico, sobre el que se ha pronunciado la plegaria, tiene la peculiaridad de expresar, también a través del signo, la adoración a Cristo Jesús en su Misterio pascual de muerte y resurrección.
Sobre este Pan se han sido pronunciadas las palabras: «Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros» (1 Co 11, 24), que pronunció Jesús en la última Cena, anticipando en el sacramento la ofrenda de sí mismo, en obediencia al Padre. El Pan eucarístico recordará siempre la oblación sacrificial de Jesucristo al Padre, en obediencia «hasta la muerte y muerte de cruz» (cf. Flp 2, 8).
4.- La celebración de la Eucaristía y la adoración a Cristo sacramentado nos llevan a dar culto a Dios «en Espíritu y Verdad», ofreciéndonos nosotros mismos al Padre en el Espíritu, tal y como hizo Cristo Jesús (cf. Hb 9, 14).
Debemos tener sus mismas actitudes, buscando siempre la voluntad divina, la realización de su proyecto de amor sobre nuestras vidas concretas. No se puede separar la oración y la adoración de la vida; menos aún separar la adoración de la entrega de cada día. Eso es lo que hizo Jesús y nos invita a hacerlo nosotros.
La oración de adoración nos coloca en actitud de escucha y de obediencia ante el Señor. He explicado muchas veces lo que significa el término “obediencia” (ob-audiencia). Obedecer es escuchar con los oídos atentos lo que nos dice el Señor para realizarlo; si no hay escucha, no puede haber obediencia. Jesús escuchaba a su Padre para hacer su voluntad.
Nuestro comportamiento tiene que ser consecuencia de “estar ante el Señor”, de hacer silencio en su presencia, para que las voces interiores no nos impidan escucharle y llevarlo a la vida. En la adoración debe haber mucha escucha y silencio interior; escuchar su Palabra y meditarla en el corazón, para llevarla a la vida.
De este modo se producirá la unidad de la vida y se hará la verdadera adoración «en Espíritu y Verdad».
5.- La adoración del sacramento eucarístico debe estar siempre centrada en el misterio Pascual. Ponerse ante el Pan eucarístico quiere decir poner en el centro de la vida el misterio central de nuestra fe y ver este misterio como fuente de todo lo demás.
La Eucaristía es siempre «memorial» del misterio Pascual y actualización de este misterio en la celebración litúrgica. La participación en el sacrificio eucarístico es lo más importante de nuestra vida, porque la Eucaristía es el centro de la vida cristiana. Por tanto, la adoración eucarística se realiza de manera propia y plena en la celebración del misterio pascual, en la misa; ésta es la más perfecta adoración eucarística. Existen otras formas de adoración, que conviene no perderlas de vista.
La adoración al Señor, presente en el sacramento del Pan eucarístico, es adoración al Señor resucitado. Es importante tener en cuenta esta peculiaridad del culto eucarístico, para que se vea en la adoración algo mucho más profundo que una visita al Santísimo.
Mientras que la adoración eucarística “fuera de la Misa” es una prolongación de la adoración y de la contemplación de este misterio que la Iglesia ofrece pedagógicamente al fiel cristiano, para asumir y hacer nuestras las mismas actitudes de Cristo Jesús, hasta llegar a la configuración plena con él, «al estado de hombre perfecto, a la plena madurez de Cristo» (Ef 4, 13).
6.- La adoración eucarística, queridos fieles, debe ser vivida en comunión con Cristo resucitado, haciendo como un alto en la cotidianidad de la vida, para darnos fuerza a seguir caminando.
La adoración perpetua es un regalo de Dios; y hoy le damos gracias por concedernos ese hermoso regalo. Pero no es un movimiento eclesial, sino un dinamismo de la Iglesia; es la misma Iglesia en actitud orante. La adoración perpetua no suplanta otro tipo de adoración eucarística. Es una realidad eclesial, que favorece la fraternidad de todos los adoradores, desde el respeto a la identidad de cada cual.
La adoración eucarística perpetua necesita del silencio y del recogimiento, para escuchar al Señor y adorar su divinidad. La lectura bíblica o espiritual puede ayudar, pero no debe obstaculizar el encuentro personal con el Señor.
7.- En las lecturas bíblicas de hoy se nos ofrece la figura de Abrán, con quien Dios hace una alianza y lo bendice con la descendencia (cf. Gn 17, 9.17). También el Señor ha hecho alianza de amor con nosotros y nos ha bendecido. La adoración es una bendición del Señor. Seamos agradecidos a Dios por todos los dones que nos concede; y agradezcámosle hoy el inicio de la adoración eucarística perpetua en nuestra ciudad.
En el pasaje proclamado del evangelio de Mateo Jesús cura un leproso (cf. Mt 8, 2-3). También nosotros necesitamos ser curados de la lepra de nuestros pecados y miserias. Pidamos al Señor que nos limpie y nos haga cada vez más semejantes a Él.
Cuando estamos ante el Santísimo Sacramento su presencia deslumbrante, radiante y pura nos ayudará en contraste con nuestra debilidad a ver con mayor claridad. Desde mi juventud, como adorador eucarístico, he saboreado la siguiente imagen: nosotros somos como un lienzo blanco, que está manchado; si miro el lienzo sin luz, tampoco veo las manchas; pero si lo miro a plena luz, las manchas se aprecian perfectamente. Del mismo modo que el sol elimina las manchas en un tejido blanco, Jesucristo-Eucaristía purifica mi alma de las manchas del pecado. Cuando adoréis al Señor tened presente esta imagen: Él nos va purificando mientras lo adoramos.
Agradecemos a todos los voluntarios que se han ofrecido para hacer los turnos de adoración y desean dedicar un tiempo especial de vuestra vida para dar gracias a Dios y adorar al Señor sacramentado.
Y pedimos a la Santísima Virgen María que acompañe con su maternal intercesión en esta nueva andadura de la adoración eucarística perpetua en Málaga, para que dé abundantes frutos de amor, de comunión y de evangelización. Todo nace en la Eucaristía y todo retorna a la Eucaristía. Amén.