Olga Ruiz: «Son muchas las mujeres de la Biblia especialmente interesantes»

Curso Bíblico
El Centro Superior de Estudios Teológicos San Pablo pone en marcha un nuevo curso bíblico bajo el título “Año de gracia y esperanza. El Jubileo en la Iglesia”. Olga Ruiz Morell, doctora en Filología Semítica, será una de las profesoras del curso.
¿Qué le llevó a sumergirse en los estudios de Filología Semítica?
Estando aún en el colegio, un profesor sustituto de la asignatura de Religión nos habló en clase de los distintos grupos religiosos y políticos del judaísmo de la época de Jesús. Me fascinó todo eso de fariseos, saduceos, esenios, judeocristianos, etc. Sembró la semillita en mi cabeza y, unos años después, cuando llegué a Granada, descubrí que en la Universidad se impartían asignaturas como Lengua Hebrea, Literatura Bíblica o Instituciones del Antiguo Testamento; en ese momento supe lo que quería estudiar. Y aquí sigo…
Son muchas y muy diversas las mujeres que aparecen en la Biblia, tanto en el Nuevo como en el Antiguo Testamento. ¿Qué podemos aprender de ellas?
Así es. Son muchos los personajes femeninos que creo que son especialmente interesantes, por lo que resulta difícil concretar. Tal vez hay algunos que me parecen más inspiradores que otros y en ese caso me decanto por dos, o más bien por tres, ya que dos de ellas van de la mano. En primer lugar, Agar, quien tiene todas las papeletas para ser un personaje débil pero que, en cambio, nos sorprende con una fuerza que le permite tomar sus propias decisiones y defender lo suyo; del mismo modo en que lo hace la propia Sara, pero en peores circunstancias. Es capaz de huir y, más aún, de volver, para finalmente lograr fundar un pueblo que será inmenso y poderoso. Podríamos decir que ejerce de matriarca, pero también de patriarca, convirtiéndose en un modelo muy interesante de mujer fuerte. El segundo caso es el de la pareja que conforman Rut y Noemí (nuera y suegra). Además de las circunstancias políticas y sociales que llevan a la redacción del libro de Rut, creo que ambas protagonistas representan una de las historias de amor más hermosas de la Biblia; un amor generoso y solidario.
Deseando escuchar su ponencia sobre el Jubileo en la literatura intertestamentaria y en la rabínica, ¿muy distinto el Jubileo entonces?
El Jubileo se había dejado de celebrar ya en el período del Segundo Templo. Sí es cierto que, en relación con el Jubileo, se seguía haciendo el cálculo del Año Sabático. En ese caso, creo, se pretendía conservar la conciencia teológica sobre la santidad de la tierra y la preocupación por el orden social y el cuidado de las personas más desfavorecidas. No obstante, se trataba de un problema más bien teórico, especialmente en lo que se refiere al uso y posesión de la tierra, y que se limitaba al debate rabínico en las academias. Con la vuelta a ’Eretz Yisra’el a partir del último cuarto del s. XIX, se convirtió de nuevo en un problema real. Hay que decir que las soluciones propuestas pasaron -y pasan- por filtros teológicos y políticos, pero, fundamentalmente, se retomó la consideración de la santidad de la tierra de Israel de una manera no tan distinta a la que se tenía en la época en torno al cambio de era.
¿Con qué podríamos quedarnos, de los comienzos del Jubileo, para vivir nuestro Jubileo actual?
Creo que la mayor aportación es la ecológica y la solidaria. La preocupación por la tierra (en la que englobo todo nuestro entorno natural), así como el cuidado de los grupos sociales más débiles -que son los dos hechos fundamentales que se contemplan en el Jubileo-, deberían ser siempre una prioridad en las diversas manifestaciones e intereses humanos, ya sean culturales, religiosos o políticos. Convendría que esas realidades formaran parte del discurso básico de cualquier sociedad e institución, especialmente en estos días tan complejos y temerarios que nos ha tocado vivir.
A veces el aspecto social del Jubileo se nos puede quedar enmascarado entre otros muchos aspectos y podemos reducirlo a una oportunidad para hacer turismo. ¿Qué piensa?
En principio, no veo demasiado problema en que este viaje, espiritual y físico, se convierta en una forma de turismo (no cabe despreciar ningún tipo de turismo, ni de ocio, ni cultural, ni espiritual), pues todo viaje enriquece al ser humano. No obstante, es importante que el cumplimiento de cualquier ritual se acompañe de una reflexión sobre la naturaleza de cada celebración, para no perder la identidad y la razón por la que se realiza. Somos seres sociales y, en gran medida, esa naturaleza se manifiesta desde los ritos, de modo que éstos deben conservarse, cuidarse y enriquecerse.